En un lugar muy lejano (supongo que algo habría cerca).
Aug 19, 2024
...
Una sutil sonrisa.
Había pasado de largo por demasiadas aventuras y decidí que aquella sería diferente.
En los cuentos de siempre, los malos eran muy malos y los buenos, débiles o héroes. Había brujas mal encaradas y príncipes valientes. Doncellas bellas e inútiles precisaban de caballeros aguerridos y hermosos. La fruta, un arma tentadora. Los dragones, flamígeros pestilentes. Y las perdices, víctimas gastronómicas en platos rompe narices.
Se acabó, pensé.
Me hice amigo de la bruja del bosque, mujer de harapos pero hermosa, y le pedí que me ayudara a vivir al margen de la inmundicia de los soberanos.
-Ve a la guarida donde el dragón tiene su cama y hace su vida. Él es el mejor maestro.
Y allá que fui.
-Me presento: me llamo Paracelso Toscano, y vengo de Portugal, porque me apetece ser tu amigo.
-¿Por qué?
-Portugal.
El chiste me sirvió para romper el hielo.
No le hizo mucha gracia al dragón, que recién se había despertado de un sueño romántico.
-Yo nunca he tenido un amigo humano.
-Pues ya va siendo hora. No todos somos tan malos.
-Eso lo dudo mucho. No he conocido a uno solo que mereciera la pena.
-Bueno, dragón, eso es culpa de los telediarios. La gente te teme y así no hay modo de mostrar lo amable del corazón.
-El corazón es lo que buscan, arrancármelo del pecho; no sé si para guisarlo.
-Es que les prometen princesas bellas si acaban contigo.
-¿Y qué mal le he hecho yo a nadie para tal encargo?
-Los reyes no gustan de quienes puedan desafiarlos.
-Jamás me he metido yo con ninguno.
-Pero eres fuerte y libre y podrías hacerlo.
-Preventivo motivo. Pero injusto.
-Los reyes tienen una particular noción de la Justicia.
-¿Y tú no eres siervo?
-Lo he sido toda la vida, pero he decidido dejarlo. Y quiero aprender de ti.
-¿Qué podría enseñarte yo?
-A vivir sin servir a ningún amo.
El dragón no tuvo inconveniente, aunque le resultó un asunto raro.
Tres años pasaron.
-Hola bruja.
-¿Encontraste al dragón?
-Sí.
-¿Y te enseñó lo que querías?
-Sí.
-¿Y ahora que harás?
-Pedir tu mano.
-Ese es un final muy redicho y trillado. No sé si de veras has aprendido.
-Desde que me enviaste con el dragón no he hecho otra cosa que pensar en ti.
-Y eso que me viste sin bañar y con mi ropa de diario.
-Eres la persona más libre que jamás he conocido.
-La libertad tiene inconvenientes.
-Lo sé, pero juntos sabremos sobrellevarlos.
-¿Sabes cocinar, buscar setas o algo?
-Sé tocar la flauta dulce.
-¿Y por la noche que harás?
-Esa es una pregunta trampa.
Ella sonrió.
Vale.
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