Quizás así no sea.
Nace una emoción
al escuchar una canción,
nace al contemplar
la bella pintura enmarcada,
nace con lo sutil de un poema.
Es cada gozo de esos instantes,
sentir evidente la felicidad.
Es saber que ella es verdad.
Y, entonces,
no dudar de que sin el músico,
sin el pintor,
sin el poeta,
muchas, muchas más,
serían las guerras.
Ficciones de cine,
de teatro;
baile, danza,
la bella escultura,
el Palacio de las Aguas
en Buenos Aires.
Y la naturaleza:
flores, praderas, cascadas;
el sol
en su adiós de cada tarde.
Las almas sienten caricias,
y de sus desazones
se calman.
Sin el arte,
mayor,
más enorme,
sería el desastre.
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