Existe una despersonificación que simula el despertar de un lenguaje que creía ya no conocer: el amor romántico. Me escapo de mí misma para poder retratarla a ella.
Me vivo buscando nuevas palabras y conceptos que se asemejen a la forma de su cara, a lo que me hace sentir su mirada, sus besos, sus pasos por las calles del centro, el calor que emana de su mano cuando toma la mía.
Nuevas palabras y conceptos para definir lo que ha sido sentir que el orgullo me recorre las venas cuando me ven caminar de su lado, la calma que se infundía en el rincón de mi cuello al tenerla durmiendo entre mis brazos cada noche, al tenerla despertando en el mismo lugar cada mañana.
Es el amor por ella lo que hace nacer las palabras más dulces, más tiernas.
El amor es justamente eso que toca nuestra puerta y nos cambia la vida por completo.
El amor es lo que florece en mi jardín secreto que lleva como emblema Su nombre.
Es su risa junto a la mía, es su cabello al natural,
es puchos en el balcón, mates compartidos,
su acento mezclándose con el mío,
la música que escuchamos, los besos que nos dimos.
El amor es su sangre argentina, sangre rosarina.
En Chile la lluvia me susurra su nombre, en mi mente hacemos el amor.
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