en esta vida yo me rendí ★
Jul 23, 2025
a veces me sorprende la quietud con la que habito tu abandono. ya no hay rabia y tampoco hay rencor, y no porque no los merezcas, tampoco porque haya olvidado; es que ya no me queda fuerza para eso. el odio necesita impulso, firmeza, aliento... y yo he perdido todo eso de tanto sostener el peso de lo que ya no eres. si pudiera arder, lo haría, pero hay un cansancio tan profundo que me vuelve inofensivo, que me vacía. entonces me quedo aquí, sin voz para gritarte, sin manos para exigirte algo, sin una sola pluma que me sirva para elevarme. sólo me queda este silencio lleno de preguntas que no esperan respuesta. ¿te dolió marcharte? ¿hubo una duda mínima, un titubeo, un paso lento? ¿o simplemente lo decidiste una mañana, al ver que la vida podía continuar sin mi presencia? me dejaste sin hacer ruido, pero el llamado de tu ausencia (esa sí) suena todavía en mi pecho cada vez que intento nombrarme.
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y es que en el fondo, te entiendo. no lo justifico, no lo celebro, pero lo entiendo. tú también estabas cansado. no lo dijiste, nunca lo habrías dicho, pero tu cuerpo se quebraba en cada gesto, y yo que te conocía incluso más allá de lo visible, lo noté. estabas harto de necesitar ser cuidado, de sentirte observado, de creer que la bondad de mis manos era una jaula. nunca supe cómo aligerarme, cómo dejarte espacio sin desaparecer del todo. y entonces elegiste irte porque no te quedaban ganas de sostener lo que no sabías pedir. y ahora, mientras me observo reducido a una forma apenas visible, también reconozco algo en mí: he dejado de imaginar lo que sigue porque ya no reconozco un futuro para mí. lo miro sin esperarlo. me levanto sin propósito. el día ocurre y yo estoy dentro de él, pero ya no participo.
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en tu partida no hubo un final dramático, sólo ocurrió. tú cerraste la puerta y yo no supe si debía tocarla, empujarla, esperar detrás. me quedé inmóvil y en esa inmovilidad aprendí a morir despacio. no hubo palabras y por eso duelen tanto los días: no tengo frase que me ayude a entender qué pasó. no tengo despedida que me permita convertir esto en algo narrable. sólo sé que tú dejaste de elegirme y entonces, yo también dejé de elegirme a mí. solté mis planes, mis visiones, mis pequeñas ideas sobre la eternidad. dejé que las horas se me fueran entre las manos sin apurarlas, porque ya no hay destino que quiera alcanzar. lo intenté, de verdad lo hice. cada estrella del cielo me sirvió de lámpara durante un tiempo. recé, incluso cuando no tenía más voz. intenté encontrar consuelo en cosas que brillaban, pero todo me pareció falso, lejano, sin sentido. ahora sólo me quedo aquí, sentado en lo que queda de mi fe y abrazando lo que ya no está.
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podrías haber sido mi raíz en la tierra, mi calma, mi centro. podrías haber sido esa parte del universo que se me permitía cuidar sin que me desvaneciera. lo eras, por un rato muy chiquito, fuiste eso, pero lo dejaste. y en ese abandono dejaste también la parte de mí que soñaba. no estoy enojado. no tengo el tono para enojarme. tengo este temblor constante en los párpados, este nudo detrás de la boca, esta rendición que no tiene nomres. no me quedan planes, ni rutas, ni imágenes de lo que algún día seré. he dejado que la eternidad me pase por encima, como una brisa que ya no refresca. he aceptado que no hay regreso, y aunque me duela, aunque cada fragmento de mí sufra al pensarlo, también he entendido que no todos estamos hechos para permanecer.
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¿tú sabías que me estaba rindiendo? mientras tú te marchabas, mientras decidías no mirar atrás, ¿sentiste la manera en que yo dejaba caer mis propias alas? no fue sólo tu marcha, fue el hecho de que yo ya no tenía fuerzas para sostenerme en el aire. y ahora que lo veo, ya no me asusta haberme quebrado. hay una paz extraña en reconocer que no puedo continuar, en aceptar que he dejado de volar. no me gustaría que pienses que te culpo, no quiero eso. quiero que entiendas que te reconozco. yo también elegí no continuar. no contigo, no con nadie. no con el mañana. y aunque el amor no se acaba de golpe, aunque sigue latiendo por instinto, lo he dejado de alimentar.
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me he rendido con las manos vacías, con las alas deshilachadas, con el corazón callado. me he rendido porque ya no tengo a quién mostrarle mis vuelos. y en esta quietud rota, aunque ya no esperes escucharme, sigo nombrándote. porque te entendí, y porque en el fondo, la rendición también es un gesto de amor. o el último que nos quedó.
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