Garabateo en el papel y resumo todos los pensamientos que necesito repeler.
Los pajaritos revolotean de alegría, el cielo parece querer aliviar mi carga mostrando su carta primeriza.
Los pretensiosos rayos de luz iluminan mi rostro, irradian mi expresión con un pretérito asombro.
Contengo mi agradecimiento a la flora y la fauna por su sentida declaracion.
No puedo corresponderles, no puedo perderme.
Los sonidos del exterior filtran una voz, su voz. Me pierdo así en epifanías, en una caterva de sinuosas emociones que declaran mi partida.
Los recuerdos me interrogan, anhelan los mantenga al calor de su conocida melancolía.
Sesgan mi falsa dicha, moligeran mis ansias por el calor de su compañía.
El tiempo y sus manias.
Me siento rebelde bajo un cielo de cenizas, creyente en un mundo olvidado, hijo de un sol sangrante.
Anhelo un rostro que era típico, ciertos sueños del pasado me atavian de ropas que me parecen desconocidas.
A veces simplemente no puedo mirar hacia arriba, el cielo que veo ya no es el mismo cielo que ella veía. Que la luna y el sol se esfumen, no pueden reflejar más su figura.
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