Lo invisible de lo nuestro.
Escucha el susurro del agua, la caricia de las alas de aquella mariposa. La mariposa del beso. Escucha el asombro de la piedra que se asoma al precipicio. La canción blanca de la luna llena.
Sucede en los márgenes de la vida y, a veces, pasa desapercibido. Es como la labor de la araña en su rincón oscuro. Tiene también su sonido.
¡Te quiero tanto!
En mi beso, cada noche, en tu hombro, en tu mejilla. En mi caricia previa al sueño. En mi rozar tu pelo. Ahí está el sonido del sentimiento.
Lo que sé que vale que me aceptes.
Lo fácil que haces este complicado asunto de la vida.
Observo.
Creo que te hace bien estar conmigo. Amor amigo. A mí, sí, no hay duda, me hace bien tu compañía. Tu complicidad. Tu vida compañera de la mía.
Es bella mi soledad sabiéndote al lado.
Ha pasado todo el tiempo y casi todo contigo. ¡No está mal lo conseguido!
Escucha la luciérnaga. El baile de la abeja. Escucha lo que piensa la nube de la tormenta. La noche que se despierta.
Escucha.
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