Tomé la decisión con manos temblando,
el alma en silencio, el pecho gritando.
No fue por herir, ni por egoísmo,
sólo por mi, por fin, por mi mismo.
Pero duele el paso que marca frontera, entre lo que fui y lo que ahora espera.
La culpa me abraza, me juzga, me nombra.
No estoy acostumbrada a este reflejo, a decir “yo” sin sentirme un desecho.
Elegirme duele como una traición,
como si amar mi paz fuera una prisión.
Ya no quiero pensar en los demás,
en sus moldes fríos, en sus rostros rotos.
Crecí silenciando mi voz interior
por miedo al juicio, por falso pudor.
Me enseñaron a ser más callada,
como si brillar fuera una amenaza.
Me hicieron creer que era virtud
borrarme el alma y pedir disculpas por mi actitud.
Pero, algo cambia, algo truena.
La mayoría de edad no es solo una fecha,
es el grito ahogado que ya no se enreda,
es romper cadenas aunque duela.
No quiero excusas, ni más prisión.
Hoy firmo con rabia mi liberación.
No soy ingrata, ni loca, ni cruel,
solo aprendí a elegirme, y eso es ser fiel.
Fiel a mi voz, a mis ganas, mi piel,
a lo que soy sin su filtro de miel.
Y si eso molesta, si eso incomoda,
mejor así que el mundo se acomoda.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in