El viento afirma
soberbia antigua.
Corre de sur
a norte encantado.
Besa mis manos
y te acaricia
danzando debajo
del saco.
De norte a sur
va sin letargo
en tu manía
y en mis descargos.
Llorando, llorando, llorando.
El viento roza
la línea fina
entre tu boca
y mi boca.
Los dos sabemos,
bajo la ropa,
quienes somos
y quienes fuimos.
Pero no alcanza
para arreglar
lo que se ha roto
y se ha perdido.
Amamos, perdimos, perdimos.
El viento arrastra
la desdicha
de quien no oculta
su desgana.
Y mientras tanto,
yo me acuesto
en una cama muy cristiana:
es mi sombra
ya más clara
que mis córneas
y mis dientes,
he vivido ya
más vidas
que la luna y
sus sirvientes;
ya el viento
me ha arrastrado
más que suficiente.
Luna, Luna, Luna.
Llueven pétalos de lirios.
Es este el fin que tú querías?
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