Escucho libertades divinas
y el grito
desesperado
de mis venas.
Golpea
a
mi alma
el ruidoso metal.
El tren me lleva
a mi camino.
Me arrancan como un diente de leòn,
me soplan para volver a la vida
que no es vida.
Las cadenas me vuelven a atrapar
cuando abro los ojos.
Humo carmesí
se esfuma en
mi cuerpo,
espinosa mi naríz
al respirar,
manos sudorosas de
tanto luchar,
días grises se repiten
sin cesar.
¡Cuchillos frágiles, rompen mi esencia!
Las calles con flores
gritan mi ausencia.
¡La blanca humanidad no pudo regresarme!
pero si pudieron
no olvidarme.
Ahora
el tren me lleva
hasta el cielo.
Marllogues.
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