Contigo todo empezó con una suavidad que me desarmó.
Me gustaba cómo parecías escucharme sin prisa, cómo tu sensibilidad y tu manera de mirar el mundo se cruzaban con mi forma de pensar.
Compartimos risas, sueños improvisados, una playlist que aún escucho.
Incluso hablamos de viajar a conocer, de tu traslado, de la posibilidad de vivir juntos por un tiempo.
Me hiciste creer que lo nuestro podía sostenerse en algo más que palabras.
Pero tus acciones nunca fueron tan claras como tu voz.
Dejaste que las promesas quedaran flotando, como globos que se escapan de las manos.
Y yo, que detesto racionalizar tanto, no pude evitarlo: de palabras no vivo.
Me cansé de las excusas que se repetían como un disco rayado, de esa maldita frase que sonaba más a súplica vacía que a verdad...
“Salvemos esto, no te vayas”.
¿Cómo quedarme donde no me invitan a alojarme?
Yo estaba, siempre, con paciencia, sembrando, sosteniendo, esperando. Y tú… existias.
El cariño no se alimenta de silencios, ni de atenciones a medias.
No quiero estar con alguien que no me mira de frente, que me contempla como un peso y no como un regalo.
No quiero quedarme donde los errores se repiten sin voluntad de repararse.
Y no, no te culpo. Fui yo quien exigió lo que no podías darme.
Hoy entiendo que no eras cruel, simplemente no eras suficiente para lo que yo pedía.
Y aun así… aquí estoy, escribiendo tu nombre entre líneas, como si todavía esperara que esta vez, al leerme, supieras por fin cómo quedarte.
- D. Duality -
Carta I a mi sol
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in