Hace mucho existía un rey,
Gobernaba un reino gigante, colosal.
Ese rey le gustaba caminar,
Simplemente ver si reino de cerca.
Pero un día,
Ese reino se derrumbó,
Solo quedaron escombros
Y mucho dolor.
El rey devastado,
Su vida arrebató.
No fue capaz,
pues de su silla cayó.
En su mente gritaban las voces,
Pero el siempre las calló.
Moría de remordimiento
Por ver su reino destruido.
El rey en busca de algo nuevo,
Se montó en su caballo.
Cabalgó tanto que parecía trineo,
Pero a pesar del tiempo, más fácil se le cayó el cabello.
El pobre rey, sin nada más que hacer,
Vió las estrellas por si mismo,
Admiró cada una,
Como si fuera un cine.
A pesar de ver todas las estrellas,
Sentía que estaba sólo.
Pues su caballo ya no era más que hueso y polvo.
A pesar de sus rezos no llegó nadie,
Se quedó solo, con su brebaje.
El rey desolado quedó,
Entonces preparó un queso.
Aprendió a hacerlo para así comerlo,
Quizás el queso reemplazaba al resto.
Al resto de antes,
Al resto que era su reino.
El rey tan solo, decidido a cambiar,
Camino sin rumbo, muchos años sin parar.
Cansando sus piernas por no descansar,
Pero al menos buscando, siempre sin césar.
Al final encontró otro reino,
Con otro rey en el lugar.
Pidió hacer parte de él,
Para no estar solo nunca más.
El otro rey dijo que sí,
Que juntos podrían gobernar,
Y sin pensarlo dos veces,
La corona le mandaron a colocar.
Finalmente los dos Reyes,
Gobernaron sin parar.
En un reino,
Donde no existía...
La soledad...
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