no soy rosa,
soy espina que se clava en el recuerdo,
en las manos que buscan belleza,
y encuentran solo corteza.
el querer ser me asfixia,
como me asusta el no ser,
pues lo que más deseo
es lo que nunca podré poseer.
tengo dos lenguas:
una para mentir,
y otra para ser engañada,
y en ambas,
te llamo sin futuro,
sin verbo que nos sostenga.
he amado,
y en la memoria del amor
me voy muriendo,
sin tachar los días
en las paredes del tiempo.
te sueño como una poeta sueña la muerte,
no como un fin,
sino como un deshojar constante,
como una pluma que no encuentra destino,
pero vuela,
siempre vuela.
tu pecho, un hemisferio,
descansa en mis manos,
pesado de luz y de distancia.
y yo,
desde lejos,
te siento desbordar en mí,
vivir en mi ausencia,
vivir en mi corazón.
ochenta y cuatro mil estrellas,
cayeron en mi noche,
y disparadas desde tu piel,
se hicieron pedazos en el cielo.
el abrazo que te doy
no encierra tu cuerpo,
sino el tiempo que se me escapa,
porque mis brazos no son fuertes,
y el tiempo siempre exige seguir.
los lugares de nuestra historia
son la geografía de mi soledad,
el museo de mi cuerpo
que guarda recuerdos
en cada rincón:
una mano, una boca,
una humedad que ya no es tuya.
no me importa tu belleza,
ni los premios ni la fama,
solo este último latido
abajo de las tablas y sin guion:
te amo,
te amo,
y sigo sin aliento,
buscándote en el eco
de un beso nunca dado.
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