el problema no es lo que hizo, lo que no hizo o lo que dejó de hacer.
el problema es que, pese a ello, le veo y mi mundo se envuelve en llamas que creía apagadas. las circunstancias me llevaron a eso, «método de supervivencia» le llama mi madre; mi mente priorizó lo que más me hería en el momento para subsistir, por lo que pude sortear su ausencia al principio.
pero verle ahí, tan linda, delicada e impoluta... ¿sin mí? ¡pero si hace poco me llamaba su amor! suya, me reclamaba y yo me sentía en el ápice de la adoración. ¿acaso no me extraña? ¿no paso por su mente, ni siquiera como transeúnte? mi corazón se desangra y se paraliza ante tanta incertidumbre.
el problema no es lo que hizo. (tal vez sí).
el problema es que, si me pidiera un beso o una caricia, no dudaría en dárselos.
el problema es que, si viniera a mí buscando abrigo, la sostendría y le diría que todo irá bien.
el problema es que, sin tenerme, todavía estoy inundada de su esencia por completo.
que haría todo lo que necesité de su parte, porque todavía le quiero.
el problema es que le quiero.
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