Tengo miedo.
No un miedo que pueda palpar con las manos,
pero lo siento aquí dentro,
carcomiendo mis entrañas con una preocupación
que ni siquiera se siente mía.
Me prometen que cuando sople las velas todo pasará,
que estaré bien.
Eso es lo que suelen decir,
pero llevo haciendo este ritual dieciséis años.
Año tras año, sin solución aparente.
No me mientan, por favor, no lo hagan.
¿Cómo que ya cumplo dieciséis?
Si hace apenas un suspiro...
Tenía doce y me la pasaba pegada al móvil,
como una niña tonta que no sabía ni cómo existir,
pero que se moría por tener dieciséis
porque, según yo, a esa edad ya sería mayor.
La de trece también soñaba con ser grande,
haciendo cosas con las que jamás asociarías a una niña de su edad.
Ni un poquito.
Pero la de catorce ya era más sabia.
Sabía que crecer no es tan bonito como lo pintan en Disney Channel;
ella ya le tenía miedo a perder a sus amigos,
a cumplir años... y a la muerte.
Y la de quince, que es la que hoy te habla con el corazón en la mano,
está aterrorizada.
Porque en dos días presenciará un asesinato sin sangre.
Tiene miedo de crecer, no quiere más responsabilidades.
Solo quiere volver a cuando tenía doce,
cuando la vida era más fácil...
como un sueño.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in