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El parsimonioso desgaste de vivir (el cansancio y su apego a los individuos)

Protervo

Oct 18, 2024

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"Such a pretty house

and such a pretty garden”

Esas líneas de “No surprises” (canción de Radiohead) siempre significaron para mí la siguiente imagen: una persona cuyo aspecto físico e integridad emocional fueron apaleados y arrasados por la adversidad inherente a la vida de los individuos todos. Ese llegar al destino final que tanto de idílico tenía visto desde los tristes y precarios comienzos, donde todo parecía imposible y, por ende, la visión del futuro lejano irradiaba cierta desesperanza por lo aparentemente remoto, pero también, mientras la ilusión persistiese, el futuro se asemejaba más a una promesa que a una amenaza. Muchas cosas se perdieron, mucho del individuo que luchó se perdió para siempre. La montaña aparentemente inamovible ahora está frágil por la erosión inevitable de la adversidad persistente ¿Dónde quedó lo anterior al desgaste ineludible? Parecen recuerdos de otra vida, si es que efectivamente alguna vez existió.

El cansancio… esa palabra es tan… del mundo adulto, aunque a veces aparece en el microcosmos del infante (cosa trágica). Yo estoy cansado cada vez con más frecuencia y con mayor duración del periodo de agotamiento. Además, siento que no estoy haciendo las suficientes cosas como para sentirme un digno y válido instrumento al servicio de la filantropía, una herramienta bienhechora para la humanidad en concepto de rentabilidad y productividad que puede sentirse bien de estar ya sin aliento. Pero no solo eso acomete a mi cuerpo y ánimo en forma de cansancio, también lo hacen las demás cargas humanas, como las afectivas, existenciales, entre otras tantas.

Gran instrumento de martirio crear a un ser que tiene carencias por defecto y cuyo placer consiste en suplirlas de algún modo lo más que pueda y mientras pueda. El ciclo de dolor-hastío cuya salida más concreta es la muerte. Pero la muerte es lo más temido. Al parecer, no bastó con crear a un desgraciado cuya volición va a castigarlo de por vida, si no que su única salida de certeza le da un pavor casi invencible ¿Qué pasa si no quiero entrar en la batalla que implica la vida? ¿y si todo me parece indigno de emplear fuerzas en luchar? Entonces ahí entra en juego lo que nos aferra a la vida…

Aquello que nos provoca placer indecible por lo gratificante que es para la existencia que de base es miserable (por supuesto hay seres mucho más miserables que otros). También es aquello que tememos con increíble desesperación perder, sumado al tenue sentimiento de derrota al saber que indefectiblemente eso se perderá. Eso ultimo me lleva a pensar en un concepto de los intensivistas en medicina.

“¿Y cómo le está yendo a ese?

Mal, solamente lo están soplando.”

¿Quién nunca se sintió haciendo esfuerzos considerables por algo que uno mismo lo sabe fútil? Pues eso es estar “soplando al paciente”: están manteniéndolo vivo por que pueden y por obligación. Desde relaciones afectivas, hasta aspiraciones espurias, pasando por las intenciones de cambio que sabemos de antemano que nunca se darán (desde un simple cambio de hábito hasta fenómenos más generales), todo es susceptible a ser “soplado” por un infeliz que no aprende. Creo que, si se ignora la falta de finalidad para hacer las cosas y se hace caso al fin inventado, se pueden llevar a cabo las típicas empresas mundanas que satisfacen a aquellos con la suerte de poder apreciar dichas nimiedades.

Así uno se va desvaneciendo y solo quedan vestigios de la persona que alguna vez estuvo ilusionada. Sigue estando, pero se fue hace tiempo. Anda por la vida a base de inercia.

Pero eso no significa que aquel ser que creía y palpitaba la vida, que podía olvidarse de lo inútil de las acciones humanas y que estaba dispuesto a cumplir sus sueños, por pensarlos algo que vale la pena, haya desaparecido. Solo está oculto, mas no olvidado.

Protervo

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