Aún no puedo evitar las miradas llenas de rabia
Y no es que no las entienda.
Nunca fui una paloma blanca
Más bien, fui un murciélago, que al meterse a un hogar, genera caos. Pero sobre todo, incertidumbre.
¿Que se hace con un murciélago que intenta meterse y salir, meterse y salir...?
Y no es que no lo entienda.
No necesito que me hablen de cambios, pues lo negro, nunca será blanco. Y aunque se tiña, en el recuerdo, siempre representará la oscuridad y sembrará el caos, la parálisis, el miedo e incluso, el dolor.
No quiero que me compadezcan, ni compadecerme yo.
Quiero que vean más allá de las veces que choqué -y continúo chocando- contra las ventanas.
Intento ser una paloma blanca. Quien trae esperanza y en su canto te recuerda siempre, que el día ha iniciado, con su promesa, igual que la de todos los días, pero igual de reconfortante.
Veo a mí alrededor, querida amiga, pero solo veo pedazos del murciélago que se estrelló, el que fui y el que siempre, siempre, seré.
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