Te volví a visitar, pero las paredes de tu casa me gritan que no estás.
Te mandé flores, y las dejaste marchitar.
Me detengo frente a tu puerta y no contestas.
¿De qué me sirve tanta insistencia?
No respondes mis súplicas, me ignoras cuando te hablo;
enloquezco frente a ti como un triste diablo.
Frente a aquel melancólico lugar, te vengo a reprochar
que no debiste dejarme solo en esta oscuridad,
que no he podido dejar de recordarte,
que incluso he empezado a odiarte.
El día en que te fuiste me dejó claro que ya no querías verme;
nuestro amor en descomposición solo lograba estremecerme.
Este mundo injusto te arrebató de mis manos,
dejándome sin el calor de tu lúgubre manto.
Maldigo ese fatídico día que, en un instante, borró mi alegría.
Solo quiero hablarte una vez más,
para ver si entre mis lágrimas dejo de remar.
Prometiste que te quedarías; no sabía que mentías,
todo por tu maldita apatía.
Dejo un ramo nuevo frente a tu ignorancia,
fingiendo que no incumpliste tu palabra,
sintiéndote fría, respirando melancolía,
mientras muero por dentro al ver tu casa vacía.
Juan Penagos
Escribir es mi hobby, me parece una manera increíble de expresarse. Espero poder conectar con la gente que me lea.
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