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El miedo para mí

Nov 12, 2025

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El miedo para mí
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Conocí a un hombre que escaló una montaña.
Estaba de vacaciones con su familia y trepó una piedra alta y alejada. Cuando miró hacia abajo, sintió que estaba en peligro. Intentó bajar varias veces, pero no lo logró. Entonces se convenció de que la única forma que existía de descender era muerto.

Estoy hablando de un hombre de cuarenta años. Un “padre de familia”.

Finalmente logró bajarse. Pisó la superficie, sano y salvo, y dijo:

—Sentí un miedo primitivo.

Lo dijo sonriendo. Ahora comprendo esa sonrisa y me alegro por él.
Me emociona que haya conseguido experimentar ese pánico tan puro.

***

Introducción: una reseña sobre el miedo

Esta no es sólo una exploración personal: Es una reseña sobre el miedo.

Mi clasificación del miedo es de 100% de valoración positiva.

Diez puntos sobre diez.

Cinco estrellas de cinco: ⭐⭐⭐⭐⭐

Califico así de bien al miedo porque es uno de los sentimientos básicos que más intensamente recuerdo haber experimentado, especialmente cuando era un nene completamente nuevo en este mundo.

A los cinco años temía ver a alguien de pie junto a mi cama por la noche. Cuando abría los ojos y giraba la cabeza, lo veía. Así de fuerte era mi miedo. Vi a un hombre barbudo con los ojos nublos. A un joven con el pelo lacio. A una mujer de vestido blanco. Vi una mano saliendo por debajo de la almohada. Una vez, durante la vigilia propiamente dicha, vi a un hombre de colores sentado en el sillón de la televisión.

Le doy cinco estrellas de valoración del miedo a esas visiones.

Todavía más de chico tuve una pesadilla frecuente: una cucaracha de mi tamaño se cruzaba conmigo en la cocina. Yo quería alcanzar un cuchillo para atacarla pero ella se acercaba a una velocidad increíble hacia mí y me tocaba. Cuando se producía ese contacto físico yo gritaba desesperadamente y el sueño se pausaba como en un VHS. Me quedaba con la visión fija en ese insecto monstruoso durante lo que parecía una eternidad.

***

Algunas definiciones: miedo, mucho miedo y sustitos

Según internet el “miedo” es una sensación desagradable que se experimenta ante un peligro real o imaginario.

Philipp Lersch plantea que el “miedo” o el “pánico” se halla siempre relacionado con la muerte, con la negación de la vida. En el pánico a los fantasmas, ante la máscara de la muerte, ante la visión o la noticia de un accidente o de un delito quedamos sobrecogidos por la pérdida y destrucción de lo sagrado de la vida. En presencia de la muerte se estremece la vida misma. El sentimiento de estar vivos pierde sostén y amenaza con transformarse en un abismo. También sentimos pánico ante sucesos en los que queda destrozado el valor de sentido.

Entonces tememos a lo que pone en peligro la vida en todo su alcance. No tiene que ser necesariamente nuestra vida, sino la vida en sí misma. Las amenazas temibles pueden ser reales o imaginarias (representativas). Este es el miedo que considero que puede permanecer.

Agregaría también como temible: todo aquello que hace posible una vida desagradable, insoportable, desgraciada en un extremo oscuro. Una vida carente de sentido.

Como por ejemplo: la infidelidad. Una vida que continúa con un pacto de Amor destruido.

Como por ejemplo: la posesión demoníaca. Una vida que continúa sin el alma, o sin la voluntad del propio espíritu.

***

Miedo y terror para mí son casi sinónimos.

Miedo es miedo. Terror es MUCHO miedo.

Otra cosa: miedo no es lo mismo que susto. El susto es para mí esa impresión breve, ese shock en que se detiene nuestro movimiento, se nos corta la respiración y nos late fuerte el corazón. Un ratito después, tomamos un vaso de agua y ya estamos bien. A menos que hayamos muerto de un infarto, claro.

A esta experiencia apela la gran mayoría de las películas de terror y los videojuegos berretas. Utilizan los famosos jumpscares o screamers.

Sobre los screamers. Cuando yo tenía diez años estaban realmente de moda. Cuando los juegos de las páginas de internet tardaban en cargar mil años porque tenías medio mega de velocidad conectado al teléfono de línea y algunos juegos eran en realidad videos, los screamers eran furor. Recuerdo un juego de la página Minijuegos que consistía en encontrar las siete diferencias entre dos fotos de un pasillo oscuro. Cuando las encontrabas te aparecía una tipa toda putrefacta y horrible moviéndose y gritando. Lo peor era el ruido, que te paralizaba por un momento.

Había otro que no era un juego, era tan solo un video que te mostraba cómo se escuchaba el jingle bells al derecho. Vos escuchabas la música navideña lo más tranquilo. Cuando terminaba te decía: “Ahora veamos que sucede cuando lo escuchamos al revés” o algo así. Escuchabas un rato, acercando la cara a la pantalla y tratando de descifrar alguna palabra oculta. Cerca del final del audio, cuando ya tenían toda tu atención, aparecía el video de una persona en negativo gritándote con todas sus fuerzas. El corazón te daba un vuelco pero, insisto, un rato después me ponía a jugar un jueguito del laboratorio de Dexter y no permanecía en mí ningún terror. No surgía en ninguno de nosotros, niños con internet de esa época, la ahora añorada y nostálgica frase:

—No me muestres eso, voy a soñar.

(no puedo creer que lo encontré - ALERTA SCREAMER - siempre quise decir eso):

Hay muchos más screamers, como el de la autopista y el del juego del laberinto. Pero sigamos.

***

Lista de miedos

Miedo a pedirle a Mariel que me ate los cordones.

Miedo a que mis padres me abandonen en el supermercado.

Miedo a “los chicos que pegan” del pelotero del DISCO.

Miedo a chocar en la ruta.

Miedo a que haya un cocodrilo en el fondo de la pileta.

Miedo a quedarme atorado en la rejilla de la pileta de la escuela y morir ahogado.

Miedo a esa vez en el Parque Centenario. Mamá llevaba el cochecito con el bebé adentro y estaba también nuestra amiga Popi. Un hombre en bicicleta se acercó y dijo algo que no llegué a escuchar. Las mujeres corrieron. Corrí, como pude, arrastrado y colgando de la mano de mamá. Después me dijeron: “ese hombre quería robarnos”. Durante varios días tuve miedo de que ese hombre nos hubiera perseguido hasta la puerta de casa y estuviera esperando el mejor momento para entrar y atacarnos.

Miedo el día que supuestamente secuestraron a mi padre. Yo tenía nueve años: me desperté y escuché a mamá hablando a los gritos por teléfono, pedía a alguien que le devolvieran a su marido. Le pedían dinero. Me quedé en la cama, sin poder moverme.

Miedo a la bruja malvada de Hugo, el juego de computadora. La bruja tenía forma de anciana al principio. Luego se transformaba en una mujer más joven. En su versión joven me daba todavía más miedo. Me parecía peligrosa, filosa, capaz de golpearme y rasguñarme hasta hacerme sangrar. Se acercaba a la pantalla y me miraba. Era solo un dibujo pero, ¿era solo un dibujo? Abrías el juego y te decía:

—Te estoy viendo.

Y después tocaba la pantalla.

—Es de mentira, es un juego —me advertían.

Pero ella tocaba la pantalla y la rayaba con una uña. La situación era demasiado peligrosa, demasiado realista. Tenía que correr. Correr hacia el pasillo como si me persiguiera la muerte.

Miedo a La Llamada, la película de Samara, la chica con el pelo mojado y hacia adelante que está en el fondo de un aljibe y sale por el televisor. En realidad, miedo a la historia de un VHS que, si lo veías, te sonaba el teléfono y una voz te decía: “siete días” (la cantidad de días que te quedaban de vida). Después de ver esa película y “Sexto sentido” no pude dormir tranquilo durante varias semanas. Cada vez que entraba a ducharme le pedía a mi mamá que se quedara afuera del baño esperando por si me pasaba algo. Mientras me bañaba corría la cortina y miraba al interior del baño: el inodoro, el bidet, la pileta, el espejo empañado...

—¿Mamá?

—Estoy acá.

***

Me hago el valiente

Poco a poco, a medida que crecía, se me hizo más infrecuente experimentar ese pánico permanente, ese miedo duradero y auténtico. Construí alrededor de ese género una estética, un placer desprovisto de la respuesta del miedo. Nació en mí la curiosidad por ver obras que representaran el asunto, cosas que buscaban dar miedo pero que ahora ya eran (para mí yo-crecido) sólo obras basadas en ese sentimiento básico remoto.

Quiero decir que, con el correr de los años y la acumulación de experiencias de miedo, empecé a naturalizarlas. A desensibilizarme. Construí una relación con el miedo más “soportable”. Mi vida se volvió menos susceptible al sentimiento intenso del miedo.

Hoy debo decir que califico al MIEDO con CINCO ESTRELLAS porque lo extraño.

Quisiera volver a sentirlo como cuando era un nene.

Como cuando deseaba con todo mi corazón dejar de sentirlo ya mismo.

Admito que la expresión de este deseo, en sí misma, me da miedo: temo que un dios malvado e inabarcable me envíe una experiencia insoportable “para que aprenda a no quejarme”.

***

Obras que dan miedo

Presiento que atravesé la frontera entre el sentir miedo y querer explorarlo cuando veía Escalofríos en Fox Kids. Los capítulos me aterraban al principio. Después me daban cosita, pero también me entusiasmaban. Al final, estaba en el parque Centenario buscando los libritos de R. L. Stine.

Ya dentro del mundo literario, tengo el recuerdo de estar leyendo Drácula de Bram Stoker y no poder soportar que el libro me tapara la vista. Leía y bajaba el ejemplar cada dos minutos, para observar qué había en la ventana, en la puerta, en la esquina de la habitación.

Edgar Allan Poe, como a muchos, me apasionó. Aunque no sé si podría decir que me dio miedo.

Había bufones, improvisadores, danzarines, músicos, hermosura en todas sus formas, y había también vino. Dentro, había todas estas bellas cosas, y además, seguridad. Fuera, la “Muerte Roja”.

(La máscara de la muerte roja, 1842 - Edgar Allan Poe)

Películas o escenas que representan muy bien el miedo y que pueden dar miedo:

Carretera perdida (1997):

Mullholand Drive (2001):

Las leyendas son una de mis estrategias favoritas del miedo. Porque sugieren que lo que te están contando es verdad. Ringu (1998) / La llamada (2002) y otras películas de origen asiático se basan en este asunto de la leyenda.

La llamada inicia con dos chicas contándose la leyenda. Ese inicio me encanta. Prefiero muchísimo más la escena de inicio de la original japonesa. Son realmente dos nenas que se juntaron a boludear y contarse cosas.

El video maldito de La llamada también es digno de traumatizarte y hacerte soñar. Acá sí prefiero el de la versión yanki:

Mi película preferida de sustitos es Shutter, de 2004. Película tailandesa. Se las recomiendo. Tiene todas las escenas de fantasma mujer pálida oriental para sacarse el gusto. La historia me gusta y además sacan fotos analógicas, las revelan y tiran un par de diálogos lindos.

Comentario al pasar: ¿será que las cosas analógicas (el VHS en La llamada, las fotos analógicas en Shutter) tienen más potencial de generar miedo? ¿será que sus métodos demorados de revelación y reproducción que recae la posibilidad del terror?

***

Videojuegos de terror

Podría ubicar el origen de mi experiencia con los videojuegos que generan algo parecido al terror en Alien3 del SEGA Genesis. En este juego tenías que liberar personas mientras los aliens te perseguían (desesperante, aterrador e instalador de un miedo persecutorio importante).

Alien 3

En los videojuegos se plantea algo insuperable: Estás vos frente a la pantalla, con tus manos sobre el teclado y el mouse y sos vos el que decide continuar o no y depende de vos que las cosas salgan mejor o peor.

Quiero decir: estás caminando por el pasillo de una casa oscura y abandonada, allá al fondo está el final del pasillo y tenés que hacer un giro cerrado hacia la derecha (“por el amor de Dios que no haya nada”, pensás). Si fuera una película, no hay discusión: la imagen sigue o, incluso, hay un corte tramposo y ya estamos del otro lado del pasillo o en otra escena completamente distinta, o aparece la cara del protagonista gritando y nos ocultan por completo lo que había a la vuelta del pasillo.

Pero esto no es una película. La imagen no va a seguir por sí sola. Sos vos el que va a condenarse a dar la vuelta en ese pasillo. Sos vos. Es aterrador. Es hermoso.

Por supuesto algunos videojuegos tienen mejor calidad que otros y, más importante, algunos tienen una amplia libertad de decisión del jugador y otros no.

El primer juego que jugué que puede producir unos sustitos fue Resident Evil 4, uno de los juegos a los que más cariño le guardo. Es un juego de zombies y tiros. No creo que apunte al “miedo que permanece”. Juegazo, de todas maneras. Cinco estrellas como juego, tres estrellas como incitador de miedo.

Buy Resident Evil 4 (2005) PC (North America) CD Key | Loaded

(Resident Evil 4, 2005)

Impulsado por esta introducción al mundo de los juegos de muertos vivos, sangre y fantasmas, me compré en el Parque Rivadavia el Silent Hill 4 (tenía doce años). Este juego sí me dio un miedo de permanencia: Te levantás en tu departamento sucio y ves que la puerta está cerrada (POR DENTRO) con unos candados y cadenas. Después, empiezan a pasar cosas desagradables y bastante traumáticas. Este, al igual que los otros Silent Hill que jugué, también cuentan con una característica terrorífica: en algún momento se ponen tediosos y grises y lo que más miedo te da es que el juego dure para siempre y la amenaza de muerte real o imaginaria recae en que fallezcas de aburrimiento.

Después de esta atrevida crítica a un juego de culto, debo decir que Silent Hill es hermoso y también lo guardo en mi corazón. Además tiene el detalle de los finales alternativos: según lo que hagas a lo largo del juego este va a terminar de alguna manera o de otra. Esa característica inmersiva es para mí reforzadora del miedo.

Tres estrellas como juego, cinco estrellas como incitador de miedo.

Следующим ремейком в серии Silent Hill может обзавестись Silent Hill 4: The  Room

(Silent Hill 4 - The Room, 2004)

Voy a mencionar un último juego, de los últimos que jugué de terror y que considero una linda pieza de arte. El juego es DreadOut, de Indonesia.

Aunque en el momento es estresante, agitador y asustador, no logró darme miedo. La historia es así: Sos una chica de secundaria que va por unos pueblos bastante turbios y oscuros, sacando fotos para iluminarse y descubriendo espíritus. La historia y la música me gustan y el juego en sí es entretenido (aunque tiene partes un poco tediosas del estilo “me trabé escapando de este jinete fantasma durante dos horas”). Repito, lo bello de este juego es cómo te mete en la historia y algunas escenas memorables como la que voy a dejar acá abajo.

En la escena, Linda se encuentra con Ira, una compañera de escuela que había desaparecido. Ira está en una habitación de un rancho abandonado, sosteniendo una muñeca. Te sentás frente a ella y se quedan mirándose un rato en silencio; el rato ese te confunde, te hace pensar que se trabó el juego, pero entonces Ira empieza a hablar de repente (apunta al elemento “sustito”). Mantenés una conversación. Depende qué le digas y qué no le digas, van a suceder distintas cosas. Esta escena me va a quedar para siempre en la memoria. Se las comparto para que no la miren.

***

Me hago el valiente otra vez

La cuestión es que ya no puedo sentir el miedo de la misma manera con cosas inofensivas como una película o un video de internet porque, desafortunadamente, sé que no son reales. Que son mentira.

Pienso que las únicas cosas que mantienen esa sensación de permanencia e intensidad son aquellas relacionadas verdaderamente con la seguridad física y concreta.

Como, por ejemplo, que me apunten con una pistola en la cabeza.

Como por ejemplo, estar parado en un lugar muy alto sin protección.

Dos cosas que nunca me pasaron.

Sí recuerdo que la primera (y única) vez que me robaron sentí miedo. Mi respuesta me dio aún más miedo. Me apoyaron un cuchillo en la cara y me pidieron todo. No grité ni lloré ni hice el mínimo intento de escapar. Me abandoné a la voluntad del ladrón. Incluso recuerdo haber sentido una especie de alivio, de contención y de cariño por el chico que me estaba sacando el celular y el reloj. Una especie de convicción que llevada a palabras podría ser: “que pase lo que tenga que pasar, es mi hora”.

Dice Philipp Lersch que El movimiento del miedo es retroceder y recogerse en forma de huida o un quedarse inmóvil sin arriesgarse siquiera a dar un paso atrás.

***

Miedo a la muerte

Ya no sé qué decir.

Tengo la sensación de que me faltó profundizar aún más.

Supongo que debo comprender algo verdaderamente aterrador: nunca voy a poder expresar por completo lo que necesito expresar.

Bueno, tal vez una conclusión: El miedo es lindo, qué bueno que existe.

Una manera de recuperar o acercarse un poquito a sentir ese “miedo primitivo” es ante algo que nos parezca real, eso pienso.

Es cada vez más difícil, ¿qué puede ser un miedo real en la vida de adulto promedio? Miedo real a que me llegue un cobro desconocido en la tarjeta. Miedo real a que aumente el alquiler. Miedo real a que descubran algo en mis dientes que requiera un tratamiento millonario. Miedo real a una vida que se suceda momento insustancial tras momento insustancial. Miedo a bajar la vista hacia el celular, a revisar la cuenta bancaria, a ver la ropa secándose en el balcón y que, al levantar la cabeza hayan pasado cincuenta años, y nos quede muy poco tiempo.

Supongo que el miedo a la Muerte es lo que siento más profundamente hoy en día. Y a la Muerte de las personas que más quiero.

Cinco estrellas para el miedo a la Muerte.

Miguel Bruno

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