Una mañana de verano cuando tenía 17 años experimente el mejor paseo de mi vida sin saber que había sido el mejor paseo de mi vida. Me acuerdo de que me levante a eso de las 8 de la mañana y ya hacia calor. Estaban pronosticado 33 grados que para el lugar en el que vivo es un montón. Fui al baño, me cepille los dientes y me bañe con agua casi fría para despertarme mejor. Mi mama estaba calentando la pava para unos mates y cuando salí de la ducha mi mama ya estaba en la mesa esperándome con el mate listo y unas tostadas con dulce. El reloj de aguja que colgaba en la pared marcaba las 8:20, todavía quedan 40 minutos para que pasara el colectivo.
Cuando se hicieron las 9 caminamos hasta la parada del colectivo y esperamos. Ya había varias personas esperando. Una vez que llego, pague los dos pasajes, el de ella y el mío y nos sentamos casi en el medio.
El sol de la mañana era suave, no era molesto. Conecté mis auriculares al celular y puse una playlist con canciones de Soda Stereo. Le di el auricular izquierdo a mi madre y yo me puse el auricular derecho. La primera canción que sonó fue en la ciudad de la furia. Me dijo que le encantaba Cerati.
Después sonó entre caníbales y por último té para tres.
Una vez que llegamos al centro, nos bajamos y nos despedimos. Ella se fue a trabajar y yo también.
A los pocos días de ese paseo, cenamos todos juntos en casa. Mi papá, mi mamá y mi hermano. Después de comer el postre se despidió y dijo hasta mañana. Esas fueron sus últimas palabras.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in