los últimos
respiros
del verano
son crueles
aún puedo
ver
sus ascuas
crepitantes
en el pasillo
en la espera
tenue
de un humo
incierto
y así
cómo tus mañanas
no son las mías
el limonero
llora
porque a mí
ya no me sale
me pesa
el alma
todos los días
un poco más
y aún más
en las mañanas
donde Morfeo
me tienta
mostrándome
lo que sería
un mundo
azul dorado
me engaña
y cuando parezco
alcanzarlo
al despertar
la nada
el vacio
el silencio
el colibrí
que ya no viene
se escapa
por la ciudad
¿aguantará
el cruel frío
y volverá?
¿me regalará
nuevamente
su dulce aleteo?
yo espero
siempre
con la brújula
apuntando
hacia el sur
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