Qué dulce el flagelo
de esa falsa inspiración,
qué suave y certera su daga
para despertarme en las noches
y ubicarme en esa punta
como si fueron mis dedos
los que masacran ese texto.
Qué grotesca esa musa
más parecida a una bufón,
de cuyas maniobras soy su víctima
y de sus mentiras un buen ejemplo.
Me ofrecen una salida fácil,
conjunciones de consuelo,
un espiral de paralelismos
y fantasiosas facultades.
Qué tentadora su rima corrupta,
que como una luz baja en el día
y su resplandor se confunde
con la sumatoria de todas las demás.
Qué desolador este letargo letrado
si pudiendo estar juntos,
el uno con el otro,
nunca hemos fallado.
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