Entre tus manos encuentro la calma,
como si el mundo se detuviera
en el instante en que tu piel
roza la mía,
y cada caricia tuya fuera un idioma
que sólo nosotros entendemos.
Me he vuelto tan adicto a aquel instante en que tú cuerpo busca a el mío,como si el deseo tuviera memoria
y supiera exactamente dónde habitar.
Tú mirada me desviste sin prisa,
como un río que se abre camino
entre montañas suaves y secretas;
y yo me dejo llevar,
porque sé que en tus labios
se esconde el viaje que deseo.
Tu cuerpo es un mapa de fuego,
cada curva invita a perderme,
y en la penumbra, tus gemidos
son música que desnuda al alma.
Mis manos recorren tu abismo,
dibujando constelaciones en tu piel,
y en el roce lento de tu piel ardiente
nace un universo que se derrama en nosotros.
Te has convertido en aquella experiencia inolvidable,
donde el mayor éxtasis es el temblor de tus piernas
al sonido de tu voz agitada que pide que pare,
y aun así, tu cuerpo me suplica quedarse.
Entonces entiendo que el placer no muere,
sólo se transforma en eternidad,
y que en cada gemido tuyo
late la promesa de volver a encontrarnos
en el mismo incendio
una y otra vez.
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