El hombre que es corrupto,
y camarada fiel de su vicio,
es más plaga que la peste;
más ruin que su bolsillo,
menos humano bajo el credo violento
de su frustrada sobriedad.
Debería, como alcohólico voraz,
reposar en las orillas parasitarias
de algún muelle,
y confundir el agua con el vino.
Que se bendiga su egoísmo
en la corriente cómplice.
Que sus colegas, plagas humanas,
encarnen la ceguera,
y embriaguen de abandono
su cuerpo.
¿Será selección natural,
o acaso la humanidad,
camarada de la naturaleza,
haciendo lo suyo?
Ipse venena bibas,
como lujurioso y solitario diablo.
Los únicos restos flotantes
que asomarán en la superficie
serán entonces
las botellas de donde flotarán tus ratas.
Y tu alma, por fin,
aprenderá en el fondo de algún río trillado
a ser buen mozo, padre y marido.
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