El odio es eso —
una mano alzada que no sabe dar,
un niño grande pateando el cielo
porque no lo abrazan al despertar.
Es un clamor sin lengua ni consuelo,
un reclamo disfrazado de puñal,
una flor que se retuerce en su tallo
porque nadie la quiso regar.
No es fuerza, no es guerra, no es juicio,
es sed —y vergüenza de tenerla—,
es mendigar un poco de ternura
con la máscara puesta de fiera.
Ah, si supiéramos que el odio
es tan solo un berrinche del alma
cuando no la llaman por su nombre,
cuando no le devuelven la calma.
Y uno insiste en odiar…
como si así aprendiera a amar.
Por: Giunico
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OpinioTeca
Giunico. Todólogo y opinólogo. El filtro para el café, no para las ideas. Esto no es una cátedra, ni una redacción obediente: es una charla de café por escrito. Córdoba, Argentina.
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