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El gato de la vecina.

Oct 25, 2025

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El mate a medio mojado, a distintos tonos de verde, al abrazo con la tibieza y la insistencia de romperme soberanamente los huevos. Como una especie sutil y hermosa de resistencia, porque me sigue incitando a hablarme como es debido. El viento, el golpeteo de las ramas contra la ventana, presupongo que sigue lloviendo porque me filtra el agua por los huecos que deja la hinchazón de la madera, de la ventana que jamás arreglo. De los huecos que nunca tapo. Tengo una fotito de mierda que me mira mientras el mate no vuelve, y me olvido, no solo porque mi poca concentración impide recordar qué es lo que estoy tomando, o haciendo, o leyendo o pensando, a la vez convive la lluvia y se me mojan las hojas del mate con el cuaderno que todavía no escribo, y el teclado que suena absurdamente fuerte; no es solo la poca concentración y el agolpar de sentimientos percepciones, sino que el concepto del mate lo incorpore a mi vida como una excusa para habernos hablado alguna vez, si me insistís un rato creo que ni siquiera me gusta.

El gato de la vecina saltó en el techo y casi me infarto, sin embargo, inexplicablemente lo quiero.

Para mí es un ida y vuelta, un mantener la temperatura desde ambas partes, porque nos vamos a ir olvidando simultáneamente de distintas partes del mundo, y mientras uno va tapando la ventana del otro, uno vuelve a calentar la yerba, y mientras uno teclea el otro canta, entonces el teclado no es tan molesto, y mientras llueve alguna anécdota le resta importancia. El tema es preservar los ritos con el dios muerto, no ausente, porque ausente estuvo todo el tiempo, y recomprenderlo en ciertas y nuevas formas no solo es complicado, sino también violento.

La puta madre que te parió, me quemé con el agua porque la pava eléctrica no tiene el corte correcto, y no recordaba haberlo calentado, y tampoco estabas para recordarme. A medio mojado, liniecita en el medio, me permite la falta de ortografía colocarme en algún huequito del sillón que me gusta ahora que tengo espacio de sobra,y aprendo a convivir con la tibieza, con el olor a madera mojada, podrida, olvidada. Me pienso arreglándola una tarde de sol, de tanto calor que el mate y su temperatura no traen conflicto alguno.

PibedeVictoria

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