Pronto logramos distinguir una figura a lo lejos, tendida en el suelo, era la fuente del ruido. Aquello era lo único que se movía y parecía tener vida además de nosotros. La figura era la de un hombre, que levantaba sus brazos desganados y los giraba levemente en el aire, los balanceaba y ondulaba suavemente al son de su melodía. Nos detuvimos a pocos metros de él. No se había percatado aún de nuestra presencia. Estaba acostado a un lado de una lápida con varias flores marchitas y restos de pétalos muertos. La lápida estaba en buenas condiciones a diferencia del resto, pero la tierra estaba totalmente excavada y con el difunto fuera de su lecho. El esqueleto yacía al lado del hombre. Alrededor de él se encontraban varias herramientas, como palas; cuchillos, sierras, martillos, hachas, y demás objetos contundentes. Pero eso no era lo más extraño, algo que nos llamó aún más la atención era la gran cantidad de vestidos y elementos de maquillaje que habían alrededor del cadáver. Los vestidos estaban en su mayoría sucios de tierra y polvo; los habían de todos colores, amarillos, azules, verdes, rojos… y el maquillaje estaba dispersado por todo alrededor de la lápida y el esqueleto. Además, había esparcido por todo el lugar varias latas de comida y cantimploras vacías.
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