A veces,
siento tanto que desborda
cada partícula de sentimientos
en un río descontrolado.
Derrumba hogares de recuerdos, olvidando cada memoria que tenía, dejando solo huecos.
Luego olvido,
recuerdo
y vuelvo a olvidar.
A veces siento tristeza por mí misma, quien no recuerda la mitad de su vida.
Creo que es un alivio para
la tristeza que me habita,
pero la melancolía hace su trabajo
y me entierra.
¿Cómo me doy cuenta de
lo mucho que cambié?
Ni siquiera recuerdo cuándo fui yo,
o cuándo me sentí feliz conmigo misma.
A veces nado,
a veces entierro,
otras respiro
y algunas quemo.
Qué difícil es la vida cuando
se intenta recordar algo que
ni siquiera supimos si tuvimos.
¿Y si no lo recuerdo porque
jamás lo obtuve?
La luna observa en silencio cada paso,
como si pudiera advertirme
del viento que se acerca.
Aquel dispuesto a derrumbar paredes... a lastimar mi alma de una forma diferente.
Intento entrar a casa,
cerrando sus puertas y
creyendo que me salvaría.
Pero luego recuerdo que no es hogar,
así que lastima más.
¿Qué camino debemos tomar
cuando la dirección de lo correcto
se volvió distante y vacía?
Creo que camino sobre clavos, oxidados, rotos.
Los puedo sentir clavarse en
mis pies mientras busco la
dirección de lo que solía habitarme:
el amor.
No lo encuentro,
y temo por primera vez jamás
poder volver a sentir.
Y me siento una niña nuevamente, porque no sé lo que es pedir
ayuda sin hacer ruido,
y no sé hacer ruido porque siempre fui silenciosa.
Cuánto quisiera haber aprendido antes lo que me serviría para el hoy.
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