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El embuste del Monte

May 16, 2026

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El embuste del Monte
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Hay palabras que no se leen, se escuchan con el corazón. Este texto está habitado por el quechua, una lengua antigua que araña el olvido y florece en la inmensidad del monte. Te invito a cruzar este umbral armado de un pequeño mapa de palabras; una guía breve para descifrar el susurro de una tierra ancestral que hoy, en complicidad con la luna, te quiere contar un secreto.

Yupai: persona carente de inteligencia o muy distraída.

Qhari/wawa : niño en quechua

Muchuy: Miedo grande, susto.

Tayta: papá


En medio de la espesura del monte, cuando únicamente la luna alumbraba y los mosquitos te daban un paseo por el rio ida y vuelta, Urpi gritaba a viva voz el nombre de su hijo menor. Había salido con el primer canto del gallo, con caña de pescar en mano y una lata llena de gusanos que le servían de carnada. Lo vio alejarse en el caballo como un llanero solitario y esa fue la última imagen que tenia del qhari, como le decía cariñosamente.

_Ese changuito es medio Yupai_, comentaba Wayta, mientras se hacía una trenza para seguir fregando a mano una pila de ropa de todos los tamaños.

_Que haces mujer fregando?, ¡mira la hora que es!_ Dijo Urpi. _¡El wawa perdido, y a vos lo único que te importa ese montón de ropa sucia, que desgracia!_

_Y a vos que te pasa?_, respondió Wayta. _¡Los pobres no podemos darnos ciertos lujos, así sea sábado por la noche o el mocoso no vuelva, la ropa no espera!_

Urpi siguió gritando, pero ahora con más fuerza. El perro lo acompañaba con un aullido más triste que un lamento. Wayta siguió friega que te friega, castigando cada prenda en el fregadero e imaginando la cara de él, que detestaba cada día un poco más, porque la vida de princesa que le había prometido al final había sido uno de sus tantos embustes.

_Ya va a volver el qhari, calmate un poco hombre, que me pones nerviosa_resoplo ella.

_No se cómo podés estar tranquila mujer, ¿no te corre sangre por esas venas acaso? Ni bien termino de pronunciar la oración y cuando había perdido toda esperanza, a lo lejos vio venir al wawita, y los ladridos del oreja no se equivocaban.

Apenas bajo del caballo, comenzó a contar el porqué de su demora. Había sucedido que mientras cabalgaba monte adentro, su vecino y compañero de algunas aventuras, le había pedido que lo ayudara para llevar un potrillo a la casona de su patrón, prometiéndole que después lo acompañaría a pescar y jurándole que llegarían a tiempo para la cena. Pero las cosas se complicaron cuando el portillo comenzó a empacarse, sin querer andar. Llegaron a la caída del sol a la casa de los Paz de Achával y para sorpresa de ellos lo invitaron a comer un asado, en retribución de su buena voluntad.

_ y ahí se me fue la hora tayta, perdón, dijo, con cara de angustiado.

_ Me pegue un muchuy que ni te cuento, pero bueno ya estás aquí y eso es lo que importa.

Wayra escucho la conversación desde el patio, pero ni se inmuto. Ella sabía que volvería tarde o temprano. Mientras no corra sangre, como decía mi mama no hay que preocuparse, pensó.

Ambos compartieron un poco más de tiempo. Qhari se explayo en su relato, como quemaba el sol, lo bravo que estaba el rio, la crueldad de los mosquitos, las estrellas que lo acompañaron a su regreso y la sabrosura de la carne tirada en el asador. Traía tan acostumbrado su paladar a la polenta recalentada, que cualquier otro sabor era un deleite en su boca.

Un bostezo contagioso salió de la boca de Urpi. _ vamos a la cama que ya es hora de dormir, dijo. El oreja siguió a su dueño hasta la cama y ambos en un instante quedaron dormidos.

Tinta_bravaa

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