Te sostuve demasiado tiempo en un rincón de mi vida donde solo había vacío. Te hice altar sin merecerlo, te recé como si fueras destino y no capricho. Y lo acepto: me desgasté esperándote, como quien aguarda lluvia en un desierto condenado a la sequía.
Nos dolimos sin ruido, como dos sombras que nunca aprendieron a tocarse. Lo nuestro fue un espejismo: ardía a la distancia, pero se deshacía en la piel. Y aún así, yo insistí en mirarte con ojos llenos de fe, creyendo que había futuro donde solo había cansancio.
Me herí llamándote en silencio, suplicando señales en noches interminables. Pero lo único que regresaba era tu ausencia, convertida en eco. Y entendí que tu silencio era más verdadero que tu voz, más honesto que cualquiera de tus gestos.
Hoy te nombro una última vez, no para retenerte, sino para soltar la herida. No me debo más tormentas, no me debo más esperas. Te suelto, incluso te perdono, pero lejos de mí. Te quito el poder de volver en mi memoria, te niego el espacio que alguna vez te guardé.
No hay odio, tampoco hay rencor. Solo una cicatriz que me recuerda que incluso las ilusiones más firmes se desmoronan cuando se construyen sobre el silencio. Tú y yo fuimos eso: ruido interno, pero nada afuera. Y lo que no se dice, se muere.
Aquí termina. Ya no espero lo invisible, ya no espero nada de tu intención. Y aunque aún quede un rastro tuyo en mi memoria, ya no me persigue: me pertenece solo como recuerdo, y yo ya no pertenezco a ti.
Que tu camino se pierda o florezca, ya no es mi asunto. Y si alguna vez me piensas, que sea tarde, que sea lejos, que sea nunca.
- D. Duality -
Carta IV a ti
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in