Hoy te escribo desde un rincón vacío,
donde el eco es mi único abrigo, frío.
Ayer, la luz era fuego en mi pecho,
hoy, sólo sombras rozan mi lecho.
¿Cómo explicar lo que se siente al caer,
cuando todo lo que fuiste comienza a ceder?
Esa chispa que ardía, tan firme, tan clara,
se apagó de repente, y mi alma se separa.
Me pregunto si la felicidad fue un espejismo,
una burla del tiempo, un breve abismo.
Porque la tuve tan cerca, tan dentro,
y ahora sólo queda este desierto inmenso.
Intento recordar cómo era sonreír,
pero el reflejo se quiebra al insistir.
¿Era todo real? ¿Fue un sueño fugaz?
¿Por qué el corazón se siente tan incapaz?
Camino entre recuerdos que saben a miel,
pero el presente es amargo como hiel.
¿Qué hice mal? ¿Por qué el vacío se queda?
¿Por qué la alegría se convierte en esta pena?
A veces pienso que la vida es un juego cruel,
que da todo en un suspiro y lo quita a la vez.
Pero hay algo en mí que se niega a ceder,
una chispa dormida que no quiere perecer.
¿Será que el vacío también es un lugar,
un espacio que espera volver a llenar?
Quizás en las sombras haya un susurro,
un nuevo inicio, aunque ahora esté oscuro.
Te escribo estas palabras con un nudo en la voz,
como quien busca respuestas, aunque todo sea atroz.
Porque aunque la felicidad me haya dejado,
tal vez, algún día, regrese a mi lado.
Mientras tanto, cargo este hueco en mi pecho,
un peso que, aunque duele, me mantiene en mi trecho.
Y quizás, sólo quizás, aprenderé a vivir,
entre luces y sombras, sin dejar de sentir.

Onírico
Soy el lector omnisciente que teje historias en la penumbra de los sueños, donde todo se revela sin palabras, solo en miradas y silencios.
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