“El Duende de la callecita”
Elvira : -Mmmm esto no está bien chiquita, ch ch ch mm-.
Alicia : -¡Dime!-
Elvira : -Un familiar tuyo hizo cosas feas en la casa para que todos se vayan, cosas tan feas, como trabajar con magia negra y enterrar una calavera en tu vereda, válgame dios.-
Alicia : -No puede ser cierto, ¿Quien es?-
Elvira : -No te puedo decir el nombre, pero es morocha con un lunar y hace poco se compró un teléfono nuevo. Y tené mucho ojo a quien le contas tus cosas, por que esa persona se está enterando.-
Alicia camina por las calle tierra de Villa Astolfi, pensativa. Llega a la casa y están por comer, sin embargo no presta atención y se acerca a la salamandra.
Calentándose en la salamandra pensaba Alicia:
¿Será verdad lo que me dijo Elvira, la curandera del barrio?
¿Quién entierra un cráneo en la vereda de alguien?
¿Cómo alguien puede querer hacerle tanto mal a los demás?
¿Existe semejante barbaridad?
¿Tanta desgracia persigue a la familia?
¿Por qué en la esquina había una bolsa con cosas raras y una pata de cordero?
¿Pero dale, hasta el verso de que ese cuervo es una bruja que grita en el pino todas las noches dice la gente, será todo verdad?
¿Hasta dónde corre la fantasía en este pequeño barrio?
Alicia, Alicia, te estoy llamando tres veces seguidas, ¿vas a querer comer un plato de guiso?
-No, gracias.-
Cena en familia, por un lado el abuelo Rogelio, contando sus historias del campo, de la cosecha de papa, del trabajo por bolsas de harina y de vivir del campo, con manos con tierras y uñas negras, pero bien honrado.
En el costado, sentado en una garrafa con almohada ya que no había más sillas y eran una familia numerosa estaba Ulises, de dieciochos años, piel morocho y corte de los jóvenes del momento, contaba lo que le hicieron al "Franco", pinito que andaba robando en el barrio de Bochino, cerca de Villa Astolfi, contaba que lo agarraron, le pegaron una revolcada los vecinos que se va acordar toda su vida por robar un compresor del agua.
Mientras tanto Alicia esperaba el mensaje por celular de Esteban para ir a su casa, él es su novio que vivía a unas pocas cuadras. Por este lado, Alicia era joven, de pelo largo y brillante, piel clara y suave como una seda. Al esperar los mensajes de Esteban, se apura y va para la casa antes que él le avisé.
Cierra el portón, que hace un ruido raro, la noche ventosa pero con una luna enorme, los álamos se movían mucho, las casuarinas apenas meneaban, y el susurro del viento daba miedo. Arranca hacia la calle, en piedrada por partes, por otras barro, hasta la cuadra siguiente, empieza a sentirse incómoda, como algo más anda, en la siguiente cuadra mira a su derecha para la famosa calle, la "Callecita", una calle con muy poco reflejo, oscura, de ambas manos campo y casa quinta donde alguna vez el vecino Hugo cortaba leña. Se escucha unas quejas y unos crujidos de ramas secas. Pero Alicia no veía nada en su camino, el miedo se apodera de su piel, pero sus ojos por el momento no mentían, hasta que ve una peculiar fijará caminar muy raro, de baja estatura por la vereda del campo, con un bastón, barba roja y ropa verde con negro.
Mil imágenes se le cruzaron por su mente a Alicia que no hizo más que correr y correr.
Alicia: -Esteban Esteban, vi a un duende, ¿donde estabas que no viniste?-
Esteban: -Alicia, esas historias que te cuenta tu abuelo, yo no creo, pero igual vamos a dormir con la luz prendida por las dudas-
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