Cerca de acá, lejos de allá,
vivía un rey loco sin dignidad;
un tonto absorto en vanidad,
olvidando la esencia y la verdad.
Casi sin gran fortuna,
salvo un verde robado que al alba inunda;
tesoro puro que en primavera abunda
la esperanza, luz de la laguna.
Mas en su ansia por algo mayor,
anhelaba oro, sol y fervor;
por un gramo más de ardiente amor,
perdió el brillo de su único color.
El verde quedó, oxidado en un cofre,
prisionero de su ambición sin norte;
y el tonto rey, en su trágico derroche,
vendió su reino sin ningún reproche.
El Loco rey, en su trono de desvarío,
Dejo correr todo nuevamente en el río;
Dónde vacía su gran tesoro vacío,
Se ahoga ahora en su propio frío.
¿Quién entenderá tal oscura locura,
perder lo vital por vana altura,
por un deseo que niega la dulzura,
dejando en el alma amarga amargura?
¡Ay, qué dolor en esta historia vil!
La ambición ciega lo vuelve hostil,
Por un poco más de color
Por un poco más de calor...
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