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El diagnostico que no sabía pronunciar.

Jun 11, 2026

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El diagnostico que no sabía pronunciar.
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-Disautonomía.

-Disa…¿qué?

-Disautonomía- Repuso el doctor, algo fastidiado.

-¿Qué es…?

Ni siquiera me dejó terminar.

-Es muy probable que la tengas, pero eso se verá con el tiempo. Te tienen que hacer una prueba en la que te amarran a una mesa que se mueve,  muy fea.

“Disautonomía” no era parte de mi vocabulario. Epilepsia, tumor cerebral, ansiedad, e infinidad de diagnósticos fallidos, sí, pero, ¿disautonomía? Ni siquiera sabía pronunciarla, me parecía una palabra absurda (mala mía, en realidad, tiene mucho sentido), nunca le tomé importancia, formando así, sin siquiera saberlo, parte de la enorme lista de personas que ignoran el sistema nervioso autónomo y su papel fundamental en el cuerpo: La homeostasis. Pero tampoco me culpen, en ese tiempo era un moco, y si miles de doctores la ignoraban, era natural que yo también lo hiciera.

De una joven de 18 se esperaba, ya quedó claro, pero, ¿y la comunidad científica?, ¿y los médicos?, ¿por qué ellos la ignoraban tanto? (Y, a decir verdad, lo siguen haciendo). La respuesta es más sencilla de lo que se pudiera esperar: Tendemos a ignorar lo que funciona. O lo que se asume que funciona. Y, aprovechando la fiebre del mundial, me permitiré parafrasear el ejemplo que me puso el Dr. Miguel Ángel Morales Mendoza la primera vez que hablamos: En un partido de fútbol, tú ves al portero, al defensa, al que mete goles, ¿cierto? Por lo general, es lo que la mayoría de personas notan. Pero hay un jugador, mediocentro defensivo, del cual depende todo, y si él falla, el equipo comienza a desmoronarse de inmediato. ¿Por qué casi nadie lo nota? No lo notan cuando todo marcha bien. Lo mismo pasa con el sistema nervioso autónomo: Si falla, todo el cuerpo falla con él. ¿Y por qué pasa desapercibido? Porque asumimos que funciona, pero cuando no lo hace, aparece lo denominado como disautonomía. El puente de comunicación se rompe, el cerebro y los órganos dejan de “hablarse” de forma correcta y se genera un caos en el cuerpo. Te pones de pie y la sangre no corre como debería, provocando mareos y desmayos, el corazón late demasiado lento o rápido sin razón aparente, tienes una fatiga extrema porque tu cuerpo gasta demasiada energía tratando de equilibrarse. Tanto en la medicina como en la cancha de fútbol, la estabilidad (homeostasis, en nuestro caso) depende de los elementos que mantienen el orden desde el fondo.

Tú no tienes que decirle a tu corazón que lata, ni a tu estómago que digiera la comida, ni a tus pupilas que se dilaten. Cuando tienes disautonomía, esa capacidad automática se confunde. Por eso la presión arterial sube o baja de golpe, el corazón late muy rápido sin razón o el cuerpo no regula bien su temperatura.

Si a mis 18 años hubiera sabido un poco de griego, habría entendido el diagnóstico a la primera. Esa palabra rara sólo significa la unión de dis (alteración), auto (por sí mismo) y nomía (ley). Es decir: la falla de las leyes que se gobiernan solas. Eso era lo que me pasaba, mi sistema nervioso autónomo había perdido el control. En la actualidad, la palabra disautonomía forma parte de mi vocabulario diariamente, y ahora entiendo perfecto que siempre tuvo sentido.

Trisha.🌙

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