¿Por qué
deben reflotar
las plumas fuera de la jaula?
Soy el despellejo del canario,
cuerpo de plata,
abertura para gusanos.
Ellos se izan en el raquis
y recorren a la pluma en su despojo.
Tal vez sea mi forma
de identificarme con las rejas cilíndricas,
con las astas, la punta de una caricia
desde donde se cae hacia el vacío.
Donde los gusanos, en la cerámica del piso,
encuentran su criadero.
Mi hogar es terroso,
de reposo, de majestuosa caída.
Imagínate vos,
si vuelo lo suficiente
para avergonzar a una especie,
para sucumbir en el encuentro
con el plumaje ajeno
y el pimpollo que es aún corazón,
y mi plata que aún es pluma
se tiñe, lejos de mi tierra,
con el plumaje de un cuervo.
Tintura que ennegrece,
blanco donde se vierte el bordó.
Es la sangre en el plumaje,
es el tintineo del pico en el ojo.
En mi cara de plata
se derriten mis ojos
en el aliento del cuervo.
Implosiona en mi alcoba de cerámica,
donde habita el criadero insectario.
Que se sirve
el cuerpo del pájaro
que yace hervido.
Amparado por el calor negro
del que me ve como la carroña.
Por favor, al trauma
nunca le repitas
que después de la jaula
hay vida.
Nunca me hagas creer.
Porque no tendré fantasía
a la que arraigarme.
No sé permanecer recta.
Mi supervivencia está encurvada,
clavada en mi aposento
de rama.
Nunca me digas
que existe un lado de la perfección
en el que mi cuerpo de plata
no podrá fundirse.
Que, más bien,
ver morir a las plumas
en mi tumba de hierro,
conservándome
de un futuro falto de gusanos
es, en realidad, una proyección.
Yo ya morí
esperando que me revienten
los ojos.

Milagros Gomez
Escritora Argentina del Terror Poético. Publicada en antologías y revistas internacionales. Directora y curadora editorial de la Revista Vapula.
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