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El chico de la luna

Jan 15, 2025

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El chico de la luna
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En la quietud de la madrugada, una joven miraba hacia el cielo, los ojos llenos de preguntas sin respuesta. Había algo en ella, una sensación de vacío, de incompletitud, como si en su alma existiera una herida que nunca cicatrizaría. Nadie la veía, nadie la entendía, y ella, aunque no lo sabía, había dejado de esperar. La oscuridad de su vida parecía extenderse más allá de las estrellas, como si su propio corazón no tuviera cabida en este mundo.

Cada noche, cuando cerraba los ojos, una figura le visitaba en sus sueños. Un chico. No sabía su nombre, ni de dónde venía. Su rostro, a veces borroso, otras veces tan nítido como la luz de un faro, se mezclaba con la suavidad de la niebla, siempre justo antes de que ella despertara. Pero había algo en él que era más real que cualquier cosa que pudiera tocar, algo en su mirada que le decía sin palabras: "Te estoy esperando". Y a pesar de que no comprendía, ni tenía respuestas, sabía, con certeza inquebrantable, que lo amaba. Su corazón latía al compás de ese amor que no tenía rostro, pero sí una intensidad tan pura que parecía haberse forjado en las mismas estrellas.

No importaba cuántas veces intentara recordarlo al despertar, él siempre se desvanecía antes de que pudiera alcanzar su nombre. Pero la sensación de que lo amaba, y que él la amaba, se quedaba con ella, como un eco que no desaparecía. Los días pasaban, y la joven se acostumbraba a esa ausencia presente, a la mezcla entre el sueño y la vigilia, entre el amor que sentía por él y la realidad que le decía que solo existía en sus sueños.

Una noche, cuando la luna se alzó en todo su esplendor, bañando el mundo con su luz, la joven, atrapada entre la tristeza de su alma hizo una petición silenciosa. Miró al cielo, con los ojos cargados de anhelos sin nombre, y susurró al viento, sin decir palabras, algo tan profundo como un suspiro: "Luna, si puedes escucharme, tráeme a quien mi alma ha estado esperando. Que nunca me falte, que se quede conmigo, que su amor sea eterno como tú."

El viento, como un confidente mudo, se llevó esas palabras hacia el rincón más lejano del cosmos. La luna, que todo lo ve, que todo lo sabe, escuchó su plegaria. Y decidió que ese deseo, nacido del rincón más profundo de un corazón solitario, merecía ser cumplido. Así que, en esa misma noche, cuando el universo susurraba a través de las estrellas, el chico de sus sueños comenzó su viaje.

La joven, totalmente ajena, siguió con su vida, sin saber que la respuesta a su súplica ya estaba en camino. El chico, que había nacido de la luna misma, de la luz pálida y eterna que sólo puede ser vista por los ojos más puros, descendió al mundo con una misión. No sabía quién sería ni cómo lo encontraría, solo sabía que su propósito era amarla, protegerla, y permanecer con ella hasta que el tiempo dejara de existir. Porque él, había sido creado por el mismo deseo que la joven había lanzado al cielo.

Un día, al amanecer de un abril lleno de promesas, los caminos de ambos se cruzaron, sin previo aviso, como si el destino ya hubiera trazado cada paso. La joven, como siempre, caminaba sola, con los ojos en el suelo, sin esperar nada, sin esperar a nadie. Y entonces, él apareció. No fue una aparición mágica ni un destello de luz. Fue simplemente él, un chico con los ojos grises llenos de estrellas, una sonrisa dulce en sus labios, y una calma que solo podía haber sido forjada por la luna misma.

La joven lo miró, sin comprender, pero con el corazón latiendo más rápido de lo que podría imaginar. Él no dijo nada. Sólo la miró, con una mirada tan profunda y llena de amor que parecía atravesar todo lo que ella había sido hasta ese momento. No necesitaba palabras para hacerle saber que él era el chico que había visitado sus sueños, el chico que había nacido de su deseo. Porque, en ese instante, la joven supo lo que siempre había sabido en lo más profundo de su ser. Era él.

El chico sonrió suavemente, como si el sol y la luna se hubieran encontrado en ese mismo gesto, y tomó su mano con ternura. "Te he estado esperando" dijo, y sus palabras eran suaves, pero cargadas de un amor que había atravesado galaxias para llegar hasta ella.

El mundo, en ese momento, dejó de existir. La joven no necesitaba comprender lo que estaba sucediendo. No importaba cómo había llegado allí ni quién lo había enviado. Lo único que importaba era que, en ese preciso instante, su alma reconocía la suya. El chico no era solo un visitante de sus sueños, no era tan sólo una ilusión creada por sus deseos más profundos. Era su destino, la respuesta a la tristeza que había vivido, la luz que había estado buscando en medio de su oscuridad.

Él, el chico enviado por la luna, era el amor que había nacido de su propio corazón, el amor eterno que la luna misma había tejido en las estrellas.

Y así, mientras el viento susurraba sus nombres y las estrellas observaban en silencio, ellos caminaron juntos, por fin, en la misma dirección, sabiendo que su amor no era sólo un sueño ni una fantasía. Era una realidad eterna, tejida en las hebras del tiempo, sostenida por la luna, y destinada a brillar, más allá de cualquier sombra.

ε ♥︎ з

Es el cuento que le contaré a nuestros retoñitos antes de que vayan a dormir. Te amo.

Eternamente tuya,Mar.

𓊈❀𓊉

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