En noviembre de 1992 falleció Rosa, la mamá de Marcelo, un amigo del colegio. Teníamos 12 años. A Rosa la velaron en la calle Thames a metros de la Avenida Córdoba. Muchos compañeros de grado fuimos a abrazar a Marcelo en el que era e iba a ser el peor día de su vida. Nos acercamos a tomar algo a la confitería Torino, en la esquina de Scalabrini Ortíz. Recuerdo que cuando entramos vimos que había una mesa muy larga con bastante gente. Entre ellos estaba Gustavo Cerati. Por supuesto mi recuerdo es muy vago. Pasaron 33 años de esa tarde. Pero sí recuerdo muy claramente el momento en el que me acerqué y le pedí si me podía firmar un autógrafo. A lo que respondió que sí y se quedó mirándome esperando a que le diera un papel, un lápiz, algo. Le dije que no tenía nada a mano así que una mujer, que hoy con 45 años me resultaría joven pero en ese momento para mí era una persona mayor, riéndose por la situación le ofreció una birome Bic violeta (de esas que eran transparentes y que venían en varios colores). Gustavo sacó un paquete de Rothmans de algún bolsillo, sacó los cigarrillos que le quedaban y en esa cajita firmó esa dedicatoria que hasta hoy guardo como un tesoro.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in