Y creo que toda mi vida voy a vivir en la incertidumbre de no saber quién quiero ser.
Siento que camino entre piedras que, al final, no son solo un camino, sino muchos mezclados que nunca terminaron de consolidarse.
Me gustaría decir que el deseo a algo es más fuerte, pero solo quiero mi nombre existente, latente.
El arte de vivir es difícil cuando uno no sabe elegir.
Me pregunto durante las noches quién soy, buscando a veces respuestas en ajenos de todo lo que soy. Como si esperara que su respuesta, mayormente negativa, fuera el significado completo de mi alma.
Ato mis manos, tapo mis ojos y me callo.
No sé qué lado de la cama quiero tomar hoy: si el izquierdo, el derecho, dormir al revés o simplemente recostarme contra la pared.
No sé cosas básicas, como qué deseo comer o qué quiero beber. ¿Cómo podría saber quién quiero ser?
A veces la tristeza y el miedo me llenan porque, con casi veinte años, siento que no sé nada y, al mismo tiempo, cargo con un dolor que ni siquiera se siente mío.
Me gustaría decir que aún soy joven, pero todos a mi alrededor avanzan, recordándome que el mundo sigue girando y jamás se detendrá por vos.
Hay dudas, deseo de ser consciente incluso cuando esa consciencia es inexistente.
Siento que pierdo el tiempo y que, cuando al fin me decido, vuelvo a perder la brújula en el desierto del que no escapo.
Se siente como vivir en un reloj de arena que, cada segundo, cada minuto, cada hora, te asfixia un poco más, siempre un poco más.
Quiero escribir, quiero leer, quiero cantar, quiero actuar y también volverme más pequeñita cada vez. Pero, al mismo tiempo, quiero saber, quiero entender, quiero ver y crecer.
No sé qué quiero ser, ni de grande ni lo que quería ser de pequeña. Creo que ningún sueño se cumplió porque solo deseaba ser alguien, y creí que a mi edad ya sabría qué camino tomar, qué decisión elegir y qué se supone que debía hacer.
Creo que a veces, cuando uno es niño, toma el peso del mundo como si solo pudieran ser deseos: ser veterinaria, astronauta, escritora, profesora, cineasta, actriz, piloto. Pero creo que simplemente siempre quise ser recordada.
Oh, cuánto espíritu había en mi pequeña yo, que creía que el mundo se reducía solo a mi existencia y que se detenía si eso deseaba. Y ahora entiendo todo, porque encerrada en mi cuarto todo parece ir más lento, pero una vez que salgo todo se siente pesado porque sé que va más rápido de lo que deseo, de lo que puedo.
Y ahora hablo al espejo, preguntándome: ¿quién quiero ser?
No busco respuestas en lo correcto, pero tampoco encuentro qué se supone que está bien para mí.
Me hundo en la melancolía de cuando creía saberlo todo, porque uno cuando es chico cree tener el alcance de todo y que las cosas se reducen a lo que saben, pero cuando crecen notan que el mundo es tan grande que a uno lo come vivo.
Y me gustaría poder escribir esto y publicarlo cuando sepa quién quiero ser, pero a veces me pregunto si alguna vez lo sabré. No porque me interese la ruta, el destino, el proyecto. Más bien porque quiero sentir que mi deseo de ser alguien no quedó en el olvido.
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffeeOur picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in