Presento esto ante quién sea dichoso de prestar su tiempo a leerlo, porque más daño he hecho del que puedo reparar, y solo haciéndole justicia a la inicial tatuada en mi pecho mediante escritos, el dolor de la añoranza y el lujo del recuerdo eterno, podré sanar un poco de culpa; y quizá, así, tenerla lejos no duela tanto.
Con amor y desidia te dedica esto Pico, Adduca.
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Once
Hoy es once de marzo, estoy a cinco días de llegar al dieciséis, donde por última vez hasta día de hoy, creí sentir una vibración en mi alma.
Lo que pasó en el medio luego de aquel día, dadas las decisiones que tomé, me sumergió en un pozo de miseria viéndose este potenciado por el sesgo del coste hundido (habiendo metido la pata, metí el cuerpo entero, porque una vez hecho el error sentí que podía solo reafirmarlo más, en otras palabras, eso mismo: coste hundido; un mero análisis conductual que frecuenta en ludópatas o en masoquistas). Yo, que soy más del segundo tipo; decidí que en lugar de romper el patrón y empezar de cero con las cuentas saldadas, seguiría con una relación a maña forzosa donde quería más no sabía si amaba a quién tanta calidez ofrecía de su lado. Ay Eleonora, pobre Eleonora, haber imbuido tu existencia en mi ser fue el peor pero más bello acto de fe jamás cometido desde que me conociste; pero no te culpo. Fue mi labia la que te hizo llegar, entrar y quedarte. Yo también habría caído en una mentira tan bien vestida.
En las ojeras de mis ojos pueden contarse cuántas hojas como ésta fueron escritas; y en los cortes y quemaduras de mis manos, cómo todavía no logro desprenderme de aquellos hábitos que no me favorecen.
Extraño tus muñecas, tus tobillos, tu nuca, extraño cada uno de tus puntos débiles, aquellos que me recordaban a mí que yo también podía ser alguien vulnerable.
Perdón.
Hoy tu recuerdo se adueña de mi birome una vez más y pareciera que la tinta busca ser infinita, más no he de frenar yo el escrito sino que ha de hacerlo aquello que conocemos como "amor propio" y suele callar voces y atar manos para no citar cosas como ésta, pero, ¿no es subjetivo aquello? Yo siento que me amo y mucho al recordarte y mantener tu imagen vívida y lúcida, por más que me duela un poquito, duele lindo.
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Doce
Doce de marzo, lastimando el papel me encuentro hoy con mi lapicera buscando replicar la misma ira con la que te escuché decirme que ya no te moleste más, ¡cómo si yo fuese una mosca! Levantaste la mano y amagaste a dar uno de esos manotazos que harían que cualquier perro agache su cabeza. Y no te culpo, jugamos al tira y afloja y sieeempre mis balas perdidas terminaban incrustadas en tu tórax. Siempre ahí; nunca en el mío, donde podrían haber acertado a un corazón que ya no está.
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Anoche te soñé, otra vez. Por mera inercia fui a revisar las manos de mi querida abuela y pude observar que todavía porta ella el anillo regalado de parte tuya con el que alguna vez fantaseamos sobre casarnos.
Me encuentro entre noche y noche, dejando nuestro video grabado con tu camarita digital en la plaza como un atrapasueños personal. Y hasta yo tiendo a asustarme, podría confundírseme con un fanático tuyo más que identificarme con lo que realmente creo ser y haber sido: un vínculo que pasó por tu vida para dejar un mensaje negativo más no intencionalmente.
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I miss sleeping between phone calls and hearing you snoring, it was kinda hilarious if i have to be honest, i mean, i'm not laughing at you, it's just that you were very funny, and the time we spent together too. I really miss you honey, i really really mean it.
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Necesito saber cómo estás, qué es de vos hoy y qué fue de vos este último año, casi tanto como necesito respirar, y eso que soy asmático eh. Pero me encuentro sufriendo del peor malestar que creo yo un ser humano puede sufrir; la indiferencia. Incluso cuando muchos pueden hablar de la muerte como el peor de los destinos que una persona puede tener, yo sufro, sufro de indiferencia.
Lo que sembré, lo coseché y a gusto, pero en este jardín el invierno parece ser eterno.
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Trece
Trece de marzo, yo maldigo mi suerte mientras vos agradecés la bendición de mi desgracia; me encuentro con que hay belleza en la distancia desde que la gracia de esta naciese del cese de nuestro besos y abrazos en trueque de lágrimas brotando de ojos con vista borrosa y cierres a portazos.
Lazos que a veces trato de sacar de mi vida pero mi vitalidad dicta que pida por una más de tus caricias; y yo que tan adicto a los vicios nací, creí que tu amor era herejía mas no valentía; triste error terminar en el mismo punto de partida si es que yo por un roce de tu tórax mataría; por un segundo de tu compañía viviría y tan solo si en retorno pudiera yo reposar en tu regazo.
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¿Tu amor? Definición de plusvalía: sos la peor infección de mi vida cual herida segregando pus desde un corazón abierto a plena luz del día.
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Hoy el gato ya no hace ruido en el techo pero lo escucho de a ratos y trato de hacerme el desentendido pero él rompe los cables que yo ato y no sé si adoptarlo o echarlo, ¿quién sabe qué busca el gato?
¿Se entiende? Sos el gato rompiendo las reglas que yo puse y yo acato, y aunque todo hoy es más inflexible y compacto el contacto cero hizo que al escribirte tu respuesta se nutra de cero tacto.
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¿Mi reloj? Intacto, las horas pasan rápido y empiezo a temerle a la posibilidad de la existencia de tu lápida, me castigo al imaginar que algo te llegara a pasar y no estuviese yo ahí para cumplir por fin nuestro trato: un abrazo de reinicio y un beso despacio.
IV
Catorce
Catorce de marzo: hoy al sol lo noto un poco más cálido; estas últimas mañanas venía palpando tu recuerdo en la borra de mi café mientras revolvía una y otra vez... no sé si dentro de la taza o dentro de mi cabeza es que lo hacía, solo sé que en ambos casos pensaba en vos.
Me acordé el nombre de tu perro al despertarme hoy; ¿por qué? Ni la más mínima idea, pero ¡qué enérgico y contradictoriamente tímido era Angus! Una versión en miniatura tuya podría ser tranquilamente.
Todavía tengo presente cuánto me salvaste, gracias a Dios hoy todo está tranquilo por acá; me despierto a las 4 de la mañana porque en mi falsa película dramática encuentro cierto romanticismo en el asomar del sol y cómo la lentitud con la que lo hace metaforiza cierta timidez humana; como quien teme dar un primer paso, o tirarse de cabeza a una nueva experiencia.
Creo que por fin hoy me costó más recordarte que vivir, pero sin embargo, no quiero olvidarte; no me queda mucho por hacer si me es involuntario así que de antemano me disculpo por la indiferencia próxima a llegar. Aún así, está en mi voluntad el llevarte en mí en cada paso que doy tal y como te llevo en mi pecho grabada.
Supongo que por fin dimos un salto y pasamos de un "ya va a pasar" a un "está pasando"; el fuego se está apagando y sin embargo ya no quiero preguntarme más quién o qué lo encenderá otra vez si la respuesta no se acerca a tu alias.
Ya volveré a verte de reojo en tu vejez
o tal vez piense en el espacio entre tu cabeza y tus orejas
cuando arranque una flor otra vez.
V
Ubicua
Quién iba a decir que perder la sordina de mi trompeta haría de mi canción un rejunte de melodías antífonas sin ritmo ni sonido que no presuman de llamarse cacofonías. Me hierve la sangre tenerte tan lejos por el frío que sufro al no encontrarte más la culpa me atosiga porque soy yo quién no se anima a buscarte (del todo) porque a mi modo, lo hago, menciónese una de estas entregas cuando pregunte alguien de qué manera lo hace este ser apagado por ser quién se desapega. Tengo miedo, lo transpiro cada que escribo, será por eso que también tartamudeo cuando trato de pensar antes de llegar al "digo" pero siempre un pero hay antes y por eso te lo pido de rodillas, que no mires ni hurgues en mis escritos rimas porque no pienso lo que recito ni leo lo que otros han leído, indagá por mis sin-sentidos porque sin querer rimar, rimo. Y aunque percibo irme de las ramas por cada verso transcrito, reproduzco tus recuerdos en mi memoria y en los videos en los que todavía me veía vivo.
Creo saber de lo que hablo, por acompañar a lo neutral, creo saber que contigo habré vivido quizá, una experiencia de amor no compartido, dónde pusiste un huevo del cual asolé el nido y hoy palito por palito muevo los hilos pero véase de mí la imagen de Sísifo siendo castigado por sus superiores, por el olimpo. Empujaré mi piedra, anudaré mis hilos y seguiré dando calidez al nidal, porque no me deje escapar usted de mi arrabal para tocar su puerta una dos o cien veces más, lo que el cuerpo me permita, porque haré que mis nudillos sangren lo que tengan que sangrar con tal de que su presencia no quede nunca más en el olvido.
Hoy te extraño pero ya no te lo digo, paso de romper con mis muletillas porque puedo copiarte más y por perder una parte de mí renguearé hasta que algún corazón medio lleno decida unirse con el mío medio vacío para hacer del tuyo el despojo de lo que alguna vez fue algo lindo.
VI
El perdedor
Me parece muy noble, y sobre todo muy real, esto de aceptarme como un "perdedor" bajo mis propios términos. Al final, en este mundo donde todo es descartable y donde te dicen que tenés que "soltar" a los dos meses porque "sos joven y tenés toda la vida por delante", plantar bandera y en voz alta decir que conocerla fue lo mejor que me pasó (aunque me haya costado el presente) es casi revolucionario como acto.
Es esa melancolía que demuestro al principio: preferir la desidia que me conecta con ella antes que una funcionalidad que me aleje. No es inerte, es un estado de espera constante. Es como si en el fondo, ese "no querer pasar la página" fuera la única forma de que ella siga existiendo en mi mundo.
Si ella fuera un poema, yo sería el lector que se niega a cerrar el libro porque sabe que, al hacerlo, se termina la historia. Y mientras el libro esté abierto, aunque sea en una página que duele, ella sigue ahí.
Doy mis gracias eternas; te espero a la vuelta.
Para Adduca: firma Pico.
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