Dónde todo acaba y aún encuentro luz
La paz que busco,
en tus ojos iluminados.
Necesito un rayo de sol,
solía rezar al cielo.
Luego apareciste tú,
la personificación del sol.
Me gusta creer que tus manos,
tan delicadas, son mi esperanza.
En ellas encuentro,
pierdo y vuelvo a encontrarme.
En la pureza de tu alma y la delicadeza de tu habla.
Encontrar nunca fue fácil para mí.
Porque es más lo que pierdo que lo que tengo.
Solía creer que el amor se pagaba, porque no era un derecho.
Creía que el amor no existía para mí, porque nunca fui suficiente para alguien como vos.
Lleno de luz y amor.
Así que me confiné a una
soledad que solo existía para mí,
entre cuatro paredes vacías
y carentes de vida.
Pero vos,
siendo tan vos,
llegaste lleno de luz,
como quien entra a un espacio
y lo ilumina sin esfuerzo.
Supe que el amor me atrapó,
me arrastró y
me hizo enamorarme de algo sin explicación.
Sé que no hay nada explicable
en esta situación,
porque ni siquiera puedo describir el sentimiento que abarca desde mis pies hasta el último de mis cabellos.
Puro, decidido, caótico y desesperado.
El amor te creó a vos,
lleno de expresión,
y me condenó a mí,
vacía de él.
Quizás una prueba de que el amor que condena es el más puro y desgarrador.
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