Cada día, el amanecer nos devuelve a la luz en el camino de la noche. El sol despierta brindandonos calor, energía y alegría.
El día pasa sin captar del todo nuestra atención, inmersos en nuestros mundos tenemos pequeños momentos para contemplar la belleza del día.
No es sino hasta que vemos los últimos rayos de sol que nos damos cuenta que es el fin del día, es el fin de algo.
El sol fallece de forma casi perfecta, hermosa y desesperanzadamente deja a la luna brillar en la inmensa oscuridad de la noche. Aquel brillo obnubilante es el que nos devuelve toda esperanza que en algun momento perdimos, junto con el recuerdo de un viejo amanecer.
Es un nuevo comienzo, uno muy parecido al inicial pero no igual, este es un comienzo después de haber contamplado un final.
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