Aún camino por las calles que un día fueron nuestras, en esta selva de recuerdos afilados continúa existiendo aquella mañana de luz tenue, de lluvia y gotas que caían de los cristales con el peso de no ser correspondido, te veo danzar a paso lento sobre un empedrado húmedo, pensando en tus reales intenciones.
Descifrar tu mirada es igual de difícil que olvidarte,
que pensarte,
que amarte.
Recuerdo que me dijiste capricho
El sonido hueco de tus palabras hicieron nido en mi cabeza, me pregunto si aquello que nos negamos a decir nos vuelve más tercos, nos llena de capricho o de desesperanza.
Solo yo me vanaglorio de que un día fui tuyo, que me viviste, me sonreíste, y logré creer que mientras aquellas manos me tocaran no podía morir.
Porque estaba hecho de amor y valentía, aunque aquello que amases duró un segundo.
Ahora soy frágil y viajo como una brizna de vapor enredado a los cuerpos del recuerdo que fuimos.
Cuando te marchaste se me desprendió el alma y ahora recorre vagamente las avenidas de la memoria, anhelando encontrarse lo que alguna vez la hizo sentir viva.
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