No sé en qué consiste. Sé que siento un profundo pesar en mi alma y que las ideas agonizan en mi cabeza, danzando sin parar hasta que un día despiertas y ya no están. Tampoco sientes el escalofrío constante cuando ves algo relacionado al pesar.
Sí tengo razonamiento de que lo ejercí en más de una ocasión.
Ninguna pobre alma tuvo que irse al paraíso para practicarlo debidamente, de hecho, aún viva y latente realicé duelos más veces de lo que alguna vez creí.
No sé cuándo lo realizo. Sé que despierto y me tomo la infusión de las mañanas y pareciera como si le faltara sabor para mejorarlo; pues parece ser que todos mis sentidos se han debilitado.
Hay un cura en la parroquia del barrio que dice que ningún dolor es eterno, ni ninguna experiencia desalentadora es para menos. Más allá del ser divino al que persigue y atesora todos sus días, con el pasar de los días entendí que tenía razón. El dolor parece no terminarse más hasta que un día la infusión de todos los días te gusta más que el día anterior, los colores de los autos que pasan por la avenida son más vívidos y alguien se atreve a acercarse para preguntarte si quieres compartir tus ideas con esa persona también, antes de tirarlas lejos.
El mundo sigue girando a pesar de todo.
Nunca dejó de hacerlo, aunque te hayas encerrado a llorar durante horas a intentar despojarte de las miserias vividas y pienses que no hay ninguna salida.
Seguí caminando, el mundo siempre está girando con vos.
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