Papá, ¿desde cuándo ser mi padre
te pesa tanto en los hombros?
¿Por qué cada paso que doy hacia ti
es un eco perdido en el polvo?
Te busqué en las tardes frías,
en los partidos donde nunca estuviste,
en los dibujos que hice con tu nombre,
en las notas que jamás leíste.
Te busqué en las palabras pequeñas,
en un "mira, papá", en un "¿estás orgulloso?",
pero siempre hallé tu silencio,
siempre me encontré con lo borroso.
Después me diste billetes,
como quien tira migajas al suelo,
como si el amor fuera un precio,
como si un hijo se comprara con dinero.
Y aprendí a recibir sin sentir,
a gastar en lugar de abrazar,
porque al menos los billetes hablaban,
mientras tú… tú solo sabías callar.
Pero ahora ni eso me das,
ahora solo me ignoras sin culpa,
como si jamás te hubiera buscado,
como si no doliera tu fuga.
Dime, papá, ¿desde cuándo te fuiste?
Porque aunque estés, sé que no estás,
y yo, que un día quise tu amor,
hoy solo quiero dejar de esperar.
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