— Ella:
Te conocí cuando la vida era un juego, cuando el sol brillaba más en el recreo. Tus risas eran cascadas de alegría, y en tus ojos veía el mundo que quería.
— El:
Eras un susurro entre los días tranquilos, una chispa que encendía mis suspiros. Éramos niños, soñadores sin prisa, te miraba, y mi mundo cobraba sonrisa.
— Ella:
El tiempo, caprichoso, nos separó, y en su silencio, tu recuerdo quedó. Crecimos, cambiamos, vivimos ausentes, pero en mí latía algo, siempre presente.
— El:
Años después, como un eco en el viento, llegaste a mí con un simple "te cuento". Y en tus palabras, sentí el latirde lo que nunca dejó de existir.
— Ella:
Hablamos, cada mensaje un reencuentro, como si nunca hubiéramos perdido el tiempo. Las palabras fluyeron, y con ellas, la verdad:aún te gustaba, como a mí, sin dudar.
— El:
El ahora es un eco de lo que fue, pero más grande, más fuerte, más real. Te miro, aunque sea a través de la pantalla, y sé que lo nuestro es un lazo que no falla.
— Ella:
No somos novios, no aún, pero en mi corazón ya hay un lugar para ti. No importa la distancia ni el tiempo perdido, lo que importa es lo que ahora hemos construido.
— El:
El destino, caprichoso, nos juntó otra vez, y aquí estamos, entre recuerdos y promesas, escribiendo una historia que nunca terminó, dos tiempos, un latido, que el viento no borró.
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