Mi alma quisiera bailar contigo, bajo el susurro del viejo rocío, besarte en cada atardecer callado, abrazarte en un sueño olvidado.
Pero el destino, cruel y sincero, nos hizo cercanos, pero extranjeros, dos almas que giran en la misma esfera, que se tocan... pero la luz las quiebra.
Te veo en el aire, en cada reflejo, te siento en la sombra de mi espejo, mas cuando extiendo la mano temblando, tu piel se disuelve, se va flotando.
Nos busca la noche con su tristeza, y el alba nos parte con su certeza. Volamos tan cerca, casi en la piel, y al rozarnos, caemos sin red fiel.
Te amo en silencio, sin que me oigas, en versos que escribo y el viento arrastra, en cartas quemadas bajo la lluvia, en todo lo que mi alma no tuvo.
¿De qué sirve soñar si no despiertas?
¿De qué sirve tocar si tú te sueltas?
Dos almas que chocan, que se desgarran, que se aman… pero nunca se amarran.
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