El amor es ese hilo invisible que une dos almas en silencio. No necesita palabras grandiosas, porque vive en los pequeños gestos: una mirada que calma, una risa compartida, una mano que no se suelta con nada. Es refugio y aventura al mismo tiempo, un latido que se siente como hogar. Y aunque a veces duela, siempre deja una luz encendida dentro de nosotros.
Y aunque el amor duele, ese mismo hilo invisible parece tensarse hasta casi romperse. Las miradas ya no abrigan igual y el silencio pesa más que cualquier palabra. Aún asi, entre las grietas, queda algo: la certeza de que sentir tanto tambien es bonito, porque nunca es quedarse con lo malo. Porque incluso cuando hiere, el amor nos enseña, nos transforma y, poco a poco, nos devuelve a nosotros mismos, más fuertes y mas conscientes de lo que somos y merecemos.
Y cuando el desamor se instala, , ya no es solo tristeza: es un nudo constante en el pecho. Los recuerdos aparecen sin aviso, como olas que no dejan respirar, y la mente se llena de 'y si...´ que no encuentran respuesta. Todo se vuelve más pesado, más urgente, como si el corazón corriera sin saber hacia dónde.
Pero incluso en medio de las ansiedad, hay un hilo que no se rompe: el de uno mismo. Respirar se vuelve un acto valiente, y avanzar un pequeño triunfo. Y aunque cueste verlo, poco a poco, el dolor pierde fuerza, y en ese espacio que deja, empieza a crecer una calma nueva, más suave, más tuya..
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