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Domingo errante

May 30, 2024

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Domingo errante
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Ante la menor eventualidad pateo nuevamente al destino. En mi camino me atravieso dos señoras discutiendo regalos y dinero, el suelo de las aceras es amarillo y rojo en entrelazados patrones de granito, flores rosadas cubren una muralla y me deleitan sus formas estrelladas.

Seis autos estacionados en un lavadero, un perro persigue moviendo la cola a los empleados. Al querer cruzar la calle casi me arrolla un colectivo fuera de servicio y sonríe por eso un viejo y sádico motociclista.

Me distraigo nuevamente cuando observo un auto clásico; Mercedes formidable y tambaleo al borde de un cráter lleno de agua maldiciendo al tráfico que no me cede el paso.

Describo todo lo que veo para poder practicar una narración que jamás utilizaré, nuevamente al momento de escribir no encuentro la manera de empezar. Tal vez sea esto algo positivo si puedo enfocarme menos en transmitir que en exteriorizar.

Creo fundamentalmente que hay una diferencia entre ambos, el primero es un recurso apelativo y el segundo uno emocional. En ambos casos se trata de pedir ayuda, de cierto modo.

Los mejores asientos de la plaza que frecuento ya estaban tomados. Me recibe un saludo amistoso de una persona que no recuerdo, sinceramente, no me importan las miradas curiosas de la gente que se pregunta qué hace un vago apartado, bajo un tipuana llorón, frente a un cuaderno, escribiendo.

Me detengo un momento para pensar una palabra, me llevo el bolígrafo a la boca en actitud contemplativa, todo rima en mi asimétrica prosa. Vuelvo a intentar concentrarme. Un muchacho roba una planta, creo que de burrito, en algún lugar alguien más roba algo mucho más valioso.

Todo el enojo y el cansancio que llevo; de nuevo en la punta del birome.

Si me roban y me matan, en vez de sangre seguramente salga tinta.

¡Que pretensión! pero últimamente no hubo nada que me haya hecho sentir mejor, imagino que alguien viene a preguntarme qué escribo, seguramente atraído por la curiosidad o perseguido por toda esta cultura policial que es legado de nuestra historia. Ensayo diferentes respuestas, desde:

"Un cuento del que ya eres partícipe" hasta simplemente "Poesía".

Ayer mientras andaba bebiendo dejé que el trago hablara en mi nombre. Grité a mis amigos mi oscuro secreto; planeo mi muerte, anhelo un suicidio.

Varios se enojaron, algunos incluso se fueron, porque como me dijeron: "Nadie está preparado para lidiar con eso". Naturalmente al día siguiente me sentí fatal y le eché la culpa a la cocaína.

Endulzante de la tristeza, pienso, mientras sonrío y se me cuelgan los mocos. Frío viento empieza a envolverme y a lo lejos se escucha el tráfico y ladridos de perros. Aparece la noche, cae el sol invicto.

Encendiendo un cigarro me pregunto si serán mejores los Lucky Strikes que los Marlboros. En comparaciones dialécticas me manejo. Calo y exhalo, retumban las patinetas en la pista, siento que el frio complementa tristezas. ¿Valdrá la pena todo el sacrificio?.

El incierto futuro es mi respuesta. Mientras venía, describiendo y pensando, me encontré con esta reflexión; "Hoy vi muchos chespiritos en la calle" algunos mirando el suelo y otros mirándome pensando reconocerme, quizá en algún tiempo lo hayan hecho.

Llegué a una conclusión personal, son mejores los Marlboros. Que importante es la calma que transmiten los árboles, su suave mecer me tranquiliza, bajo su suave palpitar se cultivan mis palabras fantasmas.

¿Soy transparente? ¿Realmente existo?

Al levantar la mirada, un dulce panorama, el atardecer del horizonte descendiendo sobre las luces de la avenida.

Mi ciudad, sus ruinas, ecos de un pasado histórico, buses, autos, bocinazos se hacen intermitentes reverberaciones de civilizaciones efímeras.

A Roa Bastos le debo todo lo que soy, un elocuente justificador del mismo ciclo. Alguna vez seré yo, lo mismo que él, alguien que fué y ya no es.

Saludos lejanos entre amigos, una pausa que detiene sus piruetas. Yo no me encuentro sólo, conmigo habitan las frases de Kerouac, Faulkner y la mirada penetrante de Teresa Wilms Montt.

Una luz amarillenta me baña de su color y en el contraste veo a mi sombra escribir. La vida me entretiene cuando pienso en salir, el exterior es una aventura inhóspita y fantástica, así como lo narraron los poetas que ya nadie recuerda.

El suelo y las flores son mis compañeros, entre la basura esparcida del suelo distingo una caja de fósforos, elemento catatónico de alguna locura reciente. Oigo rumores de música contemporánea y me decido a dejar de narrar para empezar nuevas poesías.

Ahora el atardecer se sumerge en lo oscuro, manto nocturno que cubre melancolías. Así empiezo la nueva rima, esta nueva estrofa compone el universo de todos mis versos.

No conozco la métrica, ni tampoco su fisionomía, todas esas leyes a mi me dan risa.Vuelvo la mirada al horizonte, descubro ese viejo panorama. Nido entreverado de palabras en letras inútiles sin ningun impacto.

Antes de andar deambulando por las calles y la noche, escribo tontas rimas que ya no importan. Se me terminan mis cigarros mientras descubro el Kuarahy rapé camino de un sol extinto en un objeto sin uso de la avenida.

Al transitar mis sueños termino en un espectáculo público, show en la plaza, me quedo a distraerme pero me repele la bandera ondeando en la pantalla. Camino por la peatonal histórica deleitándome con olores de platos que no me puedo permitir, al doblar la esquina y frente a la iglesia se anuncia mi presencia con tres campanadas.

Imaginando esto sonrío y los peatones al verme cruzan de vereda, simbolizando el destino de mis letras. En una vidriera veo una tentación; un parlante Marshall amplificador listo para ser tomado, ideando un robo desisto. Suficiente adrenalina da estar vivo y en mi situación, poeta delirante que entona una canción.

Soledad que me abruma mientras tomo fotos en mi teléfono, recorro caminos que al final de los tiempos continuarán siendo lo mismo. Pienso un poco en mí mismo, sudando vuelvo a mi barrio, decidido a volver a mi hogar y enfrentar la adversidad del enojo paterno. Mis pobres padres no entienden o ignoran la magnitud de mi destino; morir tranquilo y desconocido.

Soldado Desnudo

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