Ese sentimiento punzante, que no cesa, que no deja de crecer. Agonizo en la idea de tenerlo conmigo, de tener ese deseo de que, al menos por unos minutos, todo sea indoloro.
El pensar en mi pasado, me recuerda a todo lo que estuve conteniendo, a todo lo que estuve guardando, deseando que todo ese mal se terminara de una vez por todas. No pasó, no pasará; lastima, hiere, debilita.
No recuerdo cuándo fue la última vez que lloré por sentirme insuficiente, por sentirme pequeña en un mundo tan grande.
Tal vez, en otro mundo, todo deje de doler un poco menos.
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