Me debato entre la ansia y la duda,
en un vaivén de emociones que no entiendo.
Porque tocarte es sentir la eternidad,
y perderme en vos sería tocar un pedacito de cielo.
Sos mi oración en la madrugada,
mi santuario en medio de la tormenta.
En tu mirada, encuentro la fe que me fue arrebatada,
y en tu sonrisa, la gracia que me alimenta.
Tu amor, un milagro divino,
un sacramento sagrado.
Tu beso, refugio sublime,
Tu abrazo, toque del manto celestial.
Ante vos, mi corazón se arrodilla,
mi alma canta en reverente adoración.
Sos la luz que mi senda guía,
mi devoción, mi eterna adoración.
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