“¿Cómo imaginas que será el mundo
dentro de cien años?”,
le preguntaron a niños estudiantes
y ellos respondieron con dibujos
-el dibujo es el lenguaje universal-
que fueron depositados en una cápsula del tiempo,
enterrada en la plaza, frente al Palacio Municipal.
Y hoy, exactamente un siglo después,
fue descubierta durante un acto multitudinario.
En muchas de esas hojas de cuaderno,
se podían apreciar a seres humanos
compartiendo espacios con robots,
máquinas y artefactos de todo tipo,
facilitando las tareas cotidianas,
vehículos que levitaban
y edificios submarinos.
No había pensamientos grises
en las mentes de esos niños,
a pesar de las desigualdades
y atrocidades con las que convivían.
Y alguien decidió que la infancia
debía ser mucho más breve
porque el futuro estaba golpeando la puerta,
y les quitaron los lápices de colores
y escondieron sus cuadernos.
Pero los Hombres se engañan,
alegando que aún no llegó el futuro,
que esto es solo el presente
y todo está por hacerse.
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